Cartas Filológicas, Francisco Cascales

Obra doctrinal, en tres décadas de diez epístolas cada una, del humanista español Francisco Cascales (1564-1642), publicada en Murcia en 1634. El título completo es: Cartas filológicas. Es, a saber, de letras humanas, varia erudición, explicaciones de lugares, lecciones curiosas, documentos poéticos, observaciones, ritos y costumbres y muchas sentencias exquisitas. Es un gran repertorio de noticias tomadas de la antigüedad clásica, particularmente latina: erudito que todo lo atesora, el autor recoge acerca de diversos temas los testi­monios más variados y más peregrinos, y los engarza en una disquisición propia dirigida a sus amigos y a personajes de la época. También el conocimiento de la literatura italiana brinda al autor ocasión de citar a numerosos poetas: como se ve por Serafino Aquilano en la dedicatoria a don Juan Delgadillo Calderón, mecenas y protector, al cual va también dirigida una de las cartas que forman el libro (Década III, carta VIII). Según explican las observaciones prelimina­res contenidas en las páginas «al lector», las cartas dejadas por los varios autores se pueden dividir en familiares (para amigos y parientes), serias (sobre cuestiones de Es­tado y costumbres) y doctas: estas últimas son filosóficas (como las de Séneca y Pla­tón), teológicas (San Jerónimo, San Cipria­no y San Basilio), filológicas (Varrón, y en la edad moderna Justo Lipsio). Cascales ex­pone luego con qué material y con qué mo­dalidades se escribían en otro tiempo las cartas. La obra trata, pues, de los más va­riados asuntos, que interesan por la abun­dancia de las noticias eruditas, cuando no por las consideraciones históricas y morales. Dignas de interés son, en la Década primera, la primera carta, elegante y curiosa, que «trata cómo se ha de gobernar en su viaje con su gente», porque discute cuestiones de mundo y aporta la contribución de una ciencia libresca puesta a prueba por la vida; la quinta, meramente técnica, con datos y referencias «sobre el número ternario», está más bien destinada a hacer alarde de un conocimiento preciso y orgánico de la anti­güedad en todos sus aspectos. Más vivaz­mente discursiva es la octava, relativa a algunas obras maestras de Góngora, también en la órbita de la cultura clásica («Sobre la obscuridad del Polifemo y Soledades de don Luis de Góngora»); a ésta hay que unir la décima de Don Francisco de Villar a fray Juan Ortiz «sobre la carta pasada de los Polifemos».

En la década segunda conservan interés la segunda carta «En defensa de ciertos lugares de Virgilio», la tercera «En defensa de las comedias y representaciones de ellas», la cuarta «Sobre la ortografía cas­tellana», la novena «Acerca de las viñas y bodegas» y la décima «Donde se le escriben muchos epigramas de varios argumentos». También la tercera década, después de ha­ber agotado algunos grandes temas de eru­dición como los citados, se enriquece con investigaciones curiosas y extrañas; así en la primera carta dedicada a doña Antonia Valero de Eslava (con unas instrucciones, por lo menos capciosas, «para las doncellas que han de ser casadas»), en la cuarta, que no oculta su propio carácter ni siquiera en medio de la severidad de la investigación («Con muchas curiosidades de los baños y termas de los romanos»), en la quinta, que «Es una instrucción para bien gobernar», en la séptima que enlaza con toda una lite­ratura especializada, «Contra las piedras pre­ciosas». Tienen interés histórico literario, además de biográfico, la novena, en la que el maestro Pedro González de Sepúlveda es­cribe al autor acerca de las Tablas poéticas escritas por Cascales en 1604 y publicadas en 1617, y la décima en que Cascales con­testa a la precedente, y cierra la década y la obra. En toda la colección, entre tantas partes heterogéneas unidas bajo el común denominador de la erudición, el tono de Cascales es el típico del estudioso que amon­tona citas y referencias incluso cuando una cuestión no parece requerirlas estrictamen­te; como quiera que sea, siempre es didác­tico, como resultado de un ingenuo amor a la cultura que se comunica a todos, en cuanto, más que un alarde de las noticias adquiridas, el docto autor cree oportuno ex­poner extensamente cuanto abarca el cono­cimiento humano. De aquí el valor de re­pertorio enciclopédico de esta obra y su importancia en el campo de los estudios filológicos del Renacimiento.

C. Cordié