Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales, Friedrich Nietzsche

[Morgenróte, Gedanken über moralische Vorurteile]. Obra filosófica del alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) es­crita entre 1879 y 1881 y publicada en 1881. Está constituida por 575 aforismos «sobre la moral considerada como prejuicio», re­cogidos en cinco libros. El mismo Nietzsche advierte, en un aforismo del último libro, que una obra como Aurora no está hecha para leerse de un tirón del principio al fin. Es preciso, por el contrario, abrirla a menudo, sumergirse en ella, «mirar después a otra cosa y no hallar nada acostumbrado en torno a sí». Si bien en este libro comienza la campaña de Nietzsche contra la moral, no se halla todavía ningún ataque, ninguna palabra negativa, ninguna malignidad: está lleno del presentimiento de una «transmu­tación de todos los valores», que enseñará a los hombres «a decir sí» a la vida, desembarazándola de la falsedad del moralismo. Nietzsche no trata de negar la morali­dad en un sentido vulgar; aunque se arma de desconfianza, «según el espíritu de La Rochefoucauld», hacia los impostores mo­rales, no niega que algunos hombres hayan obrado obedeciendo a «juicios morales», pero niega que tenga fundamento real la hipótesis en que estos hombres se fundan: como se niega la alquimia, pero no se nie­ga que hayan existido alquimistas de buena fe.

De un modo parecido, niega la inmorali­dad, mas no la existencia de acciones que deben ser combatidas, ni de hombres que se sienten inmorales. La idea de «la ino­cencia del acaecer» inspira a Nietzsche; piensa que las acciones que se llaman mo­rales deben cumplirse, pero «por razones diversas de las adoptadas hasta ahora». Apa­rece aquí, por primera vez en el desenvol­vimiento del pensamiento nietzschiano, la idea de un «Porvenir de la nobleza» (201): la mezquindad, más bien «la indecencia» de la política de su tiempo, hacía pensar a Nietzsche que fuera de ellas se podría des­envolver una nueva aristocracia de la cul­tura, consagrada «al ideal de la sabiduría victoriosa». Nietzsche siente vivamente el tedio de la cultura sin ardor y ajena a la vida, acabada en sí misma, insaciada y hue­ra, destinada a la desilusión final: el «don Juan del conocimiento» (327) acabará du­ramente abrazado a su ilusión convirtiéndose en «convidado de piedra» del banquete del saber. Bien distinta es para Nietzsche la función de la cultura; véase el aforismo que cierra la obra («nosotros, aeronautas del espíritu») y exalta el ultraje audaz pero lleno de fe del pensador que no teme al naufragio, pues sabe que otro volará más alto. Mas para comprender a fondo este li­bro escrito en gran parte en Génova, donde las gentes humildes que frecuentaba le lla­maban el «Piccolo Santo», conviene leer primero la página dedicada a los «meneste­rosos del espíritu» (449), donde está expre­sado su concepto de la vida austera y sen­cilla. [Trad. española de Luciano de Man­tua (Madrid, sin fecha)].

G. Alline