Aurora Naciente o sea, la raíz de la Filosofía, de la Astrología y de la Teología, Jacob Bohme

[Aurora oder die Morgenróte im Aufgang, Würzel der Philosophie, der Astrologie und der Theologie]. Obra filosófica del místico alemán Jacob Bohme (1575-1624), aparecida en 1612. Quedó en estado frag­mentario; es una especie de memorial en el que el autor anotaba, a medida que se le iban presentando, todos los elementos de su mística que había de recordar y desenvol­ver en sus obras posteriores (v. Tres prin­cipios de la vida divina, El gran misterio y otras). En la introducción, sienta las bases de su doctrina dualista: «la naturaleza tie­ne en sí dos cualidades, una celeste y san­ta, otra infernal, áspera y devoradora»; y el modo de resolver este dualismo: «Si el hombre eleva la mente hacia la divinidad, el Espíritu Santo penetra y opera en él». Rehace después la historia de la humanidad, orgánicamente concebida como la perenne lucha entre el árbol del bien y el árbol del mal, que se disputan el corazón del hom­bre.

El árbol del bien, «se inflama final­mente de su propia cualidad gracias al fue­go del Espíritu Santo»; el del mal, «de la llama infernal en el fuego de la cólera di­vina», y los dos reinos se separan después, definitivamente, para pasar, en el hombre, del uno al otro: paraíso e infierno. Indica después al lector el significado del subtítu­lo: la filosofía considera la potencia de Dios y la dependencia del mundo con respecto a Dios; la astrología considera «la virtud» de la naturaleza, de las estrellas y de los elementos que generan a las criaturas; la teología considera el reino de Cristo que se opone al infierno. El texto es bastante confuso: el autor tiene conciencia de ello, cuando explica que el título de Aurora na­ciente conviene a esa especie de primera iluminación del misterio que se realizará solamente para pocos iniciados; sólo para los sencillos que saben contemplar a la di­vinidad en lo profundo de su alma. En el texto, se sigue un doble proceso: teogónico y cosmogónico. En el primero, se trata de la vida trinitaria de Dios que contiene to­das las cualidades en sí. En la cosmogonía vemos a la naturaleza divina desdoblarse en las siete «fuentes del espíritu» o «cua­lidades», de las que las tres primeras (agria, dulce y amarga) representan las cualida­des «cosmogónicas» de Dios que producen el «rayo» o «luz», en el que la cualidad, el amor, vence a la cólera y la luz a las ti­nieblas; el amor, triunfante a su vez, gene­ra las facultades llamadas «alegres» (luz, sonido, corporeidad).

Esta lucha entre el amor y la cólera se perpetúa en el mundo bajo la forma de lucha entre el bien y el mal y es consubstancial con aquél. En el mismo Dios subsisten uno y otro, bien y mal, en cuanto el mal contrasta con el ob­jeto que refleja la luz, haciéndola visible. El mal es en Dios el elemento activo que pe­rennemente es superado por la misericordia; mientras que en las naturalezas angélica y humana, el mal es pecado porque prefieren quedar en las tinieblas y rechazan el superarse. Cristo representa la cuarta cualidad, inalcanzable ideal del hombre. Bohme, que escribe por pura y directa inspiración divi­na, tuvo serios conflictos con la Iglesia lu­terana a la que pertenecía, pero estos con­flictos fueron causa de que se difundiera más su obra, que suscitó entusiasmo sobre todo en Inglaterra, y, en el siglo siguiente, en Francia. Encontramos en ella algunos brotes que cultivarán más tarde los filóso­fos románticos, Schelling en primer lugar.

G. Federici Ajroldi