Artes, Aulo Cornelio Celso

Obra enciclopédica de Aulo Cornelio Celso (10 a. de C.?-50 d. de C.?), que comprende cuatro partes: agricultura, me­dicina, retórica y estrategia. Cada una de ellas, a su vez, está subdividida en desigual número de libros; seguramente apareció publicada separadamente en monografías sueltas relacionadas únicamente por un fin crítico común. La Medicina [De Medicina], única sobreviviente, es un tratado muy im­portante para la historia de esta ciencia. El primer libro expone la división general: dietética, farmacéutica y cirugía, y la po­lémica entre médicos racionalistas y empí­ricos: el segundo trata de la patología ge­neral, el tercero y cuarto de las enfermeda­des particulares; el quinto y sexto de la posología, el séptimo de la cirugía, el octa­vo de la histología. Estos ocho libros de la Medicina nos ilustran sobre el método se­guido por Celso al tratar de las artes en particular. Se sucedían en el orden en que sirven para la vida humana, y precisamen­te por esto, la agricultura debía preceder a la medicina, y ambas a la retórica y a la estrategia, una de ellas dirigida a defender al hombre en el foro y la otra en la gue­rra.

El interés principal era demostrar que también los pueblos más atrasados utilizan estas artes; que no hay necesidad de cultu­ra, ni siquiera de letras, para triunfar en estas artes, y que todas estas disciplinas, que por obra y gracia de los teóricos se han convertido en ciencias abstrusas y de com­prensión difícil, tienen siempre un fin prác­tico que es muy útil no perder de vista. Los griegos, que desarrollaron en sumo grado el estudio de estas disciplinas, aun­que no fueron los primeros pueblos que las cultivaron, precedieron en ellas a los ro­manos. El estudio y la evolución de la cien­cia médica, por ejemplo, procedieron por pasos semejantes a los dados por el des­envolvimiento general de la cultura: no hubo grandes médicos hasta que no tuvie­ron mayor impulso los estudios literarios: los que comenzaron a estudiar los proble­mas de la naturaleza encontraron también los remedios para curar los males; sin duda porque, sustrayendo al sueño las horas que necesitaban para las elucubraciones noctur­nas, fueron los primeros en sentir la dura necesidad de cuidar el cuerpo debilitado. Los nombres de Pitágoras, Empédocles, Demócrito e Hipócrates, demuestran que los primeros médicos fueron al mismo tiempo filósofos, pensadores, escritores o poetas. La unidad espiritual que tienen de común las diversas disciplinas, unidad caracterís­tica de los primeros pasos culturales de un pueblo, constituye la última aspiración de Cornelio Celso, que en esa unidad ve sim­bolizada la norma real que domina todo su saber enciclopédico: la practicidad absoluta de la cultura. Esto no quiere decir que des­deñe los conocimientos médicos empíricos, pues más bien se inclina a los racionales y teóricos; y si bien desde el punto de vista teórico aspira a la unidad de las varias dis­ciplinas, siente la necesidad de afirmar que cada una tiene sus propios medios y sus propios fines y que «las enfermedades no se curan con elocuencia, sino con remedios». Unidad y multiplicidad son los dos térmi­nos antitéticos contra los cuales Celso, como todos los enciclopedistas, hubo de luchar para poder lograr que su obra, tan hetero­génea de temas y tan difusa desde todos los aspectos, resultara en conjunto legible y comprensible.

F. Della Corte