Quiero Alabar al Señor de la Sabiduría, Anónimo

Estas son las primeras pala­bras de un famoso texto religioso babilónico y asirio al que los modernos han llamado Job babilónico, porque se asemeja, tanto en la forma como en los conceptos que ex­presa, al libro de Job (v.), del Antiguo Testamento.

En este escrito, un enfermo, al que se culpa de un pecado, aunque se des­conoce cuál es, describe su doloroso estado y la redención del mal que le ha herido. Se encuentra enfermo tanto física como espiritualmente. Invoca a Dios, pero éste no. quiere escucharle, el sacerdote no sabe ex­plicar su malestar, el encantador no puede deshacer el encanto y por todas partes halla sólo persecución y miseria. Sin embargo, siempre ha sido obediente a los mandatos de los dioses, a los que ha venerado y ser­vido siempre con fidelidad. Ha enseñado a sus paisanos a obedecer a los mandatos del rey y a venerar la divinidad. Pero lo que a los hombres les parece bueno, para Dios es ciertamente malo, y lo que parece malo a los hombres, es por el contrario muchas veces bueno a los ojos de los dioses.

¿Quién puede conocer la voluntad divina? ¿Los torpes hombres conocen mal la voluntad de los dioses? Tras describir sus muchas enfer­medades, nos cuenta que ha tenido tres vi­siones, en las cuales se le anunció de diferentes maneras que se le libraría del mal. Viene, en efecto, el exorcista Ur-Nindinuga, enviado por el propio Marduk. El sacerdote arroja fuera todas las enfermeda­des. A orillas del río infernal, se juzga en solemne juicio al curado, se le borra el signo de la esclavitud que lleva en la fren­te, y el propio Marduk lo toma de la mano y lo salva. Como prueba de reconocimiento, va al templo Esagila en Babel, para dar gracias a los dioses por su benevolencia. Pasa a través de las doce puertas del tem­plo, obteniendo en cada una la liberación y purificación, y en las dos últimas encuen­tra a Marduk y a su mujer Sarpanitu, ante la cual se postra.

Después de abundantes sacrificios, da a los babilonios un espléndido banquete en el que los participantes ento­nan las alabanzas a Marduk y a su mujer, las únicas divinidades que pueden salvar a los hombres. Este es uno de los más bellos y profundos textos de la literatura religiosa de la Mesopotamia antigua. Edición de Langdon, Babylonian wisdom (Londres y París, 1922).

G. Furlani