Escritos Dogmaticos de San Hipólito de Roma

No sólo la Iglesia romana, en que él ejerció su discutido ministerio sacerdotal y episcopal, sino que, bien podemos decirlo, toda la Iglesia occidental por lo menos, está dominada en los comienzos del si­glo III por la figura de S. Hipólito.

El catá­logo liberiano que, como es sabido, ofrece una cronología de obispos de Roma datada en la época de Liberio, entre el 352 y el 356, contiene estas palabras a propósito del episcopado romano de Ponciano, en el año 235: «En aquel tiempo, Ponciano, obis­po, e Hipólito, sacerdote, desterrados, son deportados a Cerdeña, isla insalubre, bajo el consulado de Severo y de Quinciano». La Depositio martyrum, lista contemporá­nea del catálogo liberiano, en que están registrados los mártires venerados en Roma, conmemora el 14 de agosto la deposición o entierro «de Hipólito en la vía Tiburtina y de Ponciano en el cementerio de Calix­to». Tanto San Jerónimo como San Dámaso hablan de Hipólito como de un mártir. La inscripción del papa San Dámaso, estaba colocada en el camino de Tívoli, donde estaban precisamente el cementerio y la basílica del mártir Hipólito. Pero ya en la época del papa San Dámaso, sucesor del papa Liberio, el recuerdo de Hipólito había experimentado alteraciones profundas.

El mismo epígrafe damasiano presenta a S. Hi­pólito como un mártir de la secta de Novaciano y que sólo en su hora suprema se había adherido al grupo ortodoxo, anacro­nismo evidente, pues no se puede suponer que S. Hipólito pudiese sobrevivir a su de­portación hasta la época de Novaciano. En 1551 fue descubierta en la vía Tiburti­na, en el cementerio de S. Hipólito, una es­tatua de mármol de este santo, hoy conser­vada en el Museo Laterano, sentado en una cátedra en cuyo respaldo se lee una lar­guísima inscripción griega con la lista de sus escritos. La inscripción está mutila­da, pero bien puede suponerse que aun intacta no hubiera dado el número com­pleto de la vastísima producción de S. Hi­pólito. En ella los escritos dogmáticos y polémicos ocupan la sección más importan­te.

Espíritu indócil y extraordinariamente personal, que se halló capitaneando la sec­ción de lengua griega de la comunidad ro­mana en el momento en que era vencida por la parte africana que hablaba latín, Hipólito, con sus Filosofúmenos (v.) cuyo texto casi completo fue encontrado por Mynos en 1842, se propuso hacer una con­futación de los sistemas gnóstico heréticos, mostrando su derivación de las escuelas de la filología clásica. Pero esta obra tie­ne sobre todo importancia por la polémica vivacísima con que se cierra, contra el obispo Calixto de Roma, culpado de haber atenuado la disciplina moral cristiana en algunos puntos capitales como el concer­niente a lo que podría llamarse matrimo­nios mixtos desde un punto de vista eco­nómico social. Antes de los Filoso fúmenos, Hipólito, según el precioso testimonio de Focio, había compilado una obra menor contra las herejías, que comenzaba por los secuaces de Dositeo para terminar por los de Noeto. Las herejías combatidas as­cendían al número de treinta y dos.

Citas y fragmentos conservados en la tradición manuscrita con el nombre de Hipólito, nos dan noticia de una obra suya contra Marción, otra contra el monarquiano ebonita Artemón, y de un escrito en defensa del Evangelio (v.) y del Apocalipsis (v.) que llevan en el canon el nombre de San Juan y que los Alogos atacaban en su oposición al milenarismo. Se conserva íntegramente la obra dedicada por S. Hipólito al Anticristo. Dirigida a un tal Teófilo, amigo del autor, dictada hacia 202, en pleno furor de la persecución anticristiana de Septimio Se­vero, esta obra reviste singular importan­cia porque nos da a conocer el resurgir súbito de las esperanzas milenaristas, esto es, del advenimiento de un reino milenario de bienaventuranza para los fieles de Cris­to, soñado como inminente en los albores del siglo III.

E. Buonaiuti