Escritos Dogmáticos de San Cirilo de Alejandría

Es perfectamente compren­sible que un hombre como S. Cirilo, pa­triarca de Alejandría desde 412, fallecido en 444, que dominó toda la vida de la Iglesia en la primera mitad del siglo V, acompañara incansablemente, con su pro­ducción teológica y literaria, la lucha tan dura y violentamente librada contra la teo­logía de Antioquía, representada por Nestorio, patriarca de Constantinopla y san­cionada solemnemente en el Concilio de Éfeso de 431.

De ahí que todos los escri­tos dogmáticos de San Cirilo tengan un violento carácter polémico. Entre éstos hay que considerar como particularmente no­tables los dos grandes tratados sobre la Trinidad. El primero, dividido en 35 tesis y el segundo en forma dialogada entre el autor y su amigo Hermias. El ene­migo sigue siendo el arrianismo. Sin em­bargo, San Cirilo consagra su mayor fervor polémico a la lucha contra la herejía nestoriana, que niega la divina maternidad de María y separa de este modo las dos na­turalezas, la divina y la humana en Cristo, comprometiendo con argumentos raciona­listas el misterio de la salvación cristiana.

Desde 429 San Cirilo dirige al emperador Teodosio, a sus dos hermanas Arcadia y Marina, a la hermana Pulquería y a la emperatriz Eudoxia tres memoriales «sobre la recta fe», atacando la teología que Nestorio y su círculo eclesiástico habían trans­portado de Antioquía a la capital del Bosforo. Sigue una amplia obra, Contra las blasfemias de Nestorio, en cinco libros. Cuando los dos contrincantes pidieron al papa Celestino una sentencia arbitral, y el Sínodo de Roma de 430 declaró hereje a Nestorio, imponiéndole la retractación de sus doctrinas y nombrando a San Cirilo delega­do del Papa, el «Faraón» egipcio creyó oportuno añadir a la carta papal una fórmu­la de fe, aprobada por un sínodo local, y formular doce anatemas, que Nestorio ten­dría que suscribir para retractarse de sus propias afirmaciones.

El sínodo de Éfeso al que San Cirilo había pedido apresuradamen­te una sentencia de condena, confirmó la fórmula y los anatemas, desde su primera sesión del 22 de junio de 431. De este modo San Cirilo se vio comprometido a defender sus anatemas más de una vez, tanto contra los obispos sirios como contra la confuta­ción de Teodoreto de Ciro. Podemos añadir a los Escritos dogmáticos de San Cirilo su «Apología» al emperador Teodosio y el pe­queño tratado Sobre la encarnación del verbo divino. También hay que señalar el diálogo sobre la unidad de la persona en Cristo y la pequeña obra polémica Contra los que no quieren reconocer a la Santa Virgen como Madre de Dios.

E. Buonaiuti