Centiloquio Teológico, Guillermo de Ockham

[Centiloquium theologicum]. Colección de cien pro­posiciones escolásticas, más que problemas teológicos, del famoso pensador, filósofo y teólogo franciscano inglés Guillermo de Ockham (alrededor de 1290-1349), probablemen­te anterior a 1324. El carácter paradójico de muchas de ellas, el virtuosismo dialéc­tico de tipo impresionista-escandaloso de al­gunas, y la logomaquia sofística de otras, hacen de esta colección un ensayo históri­camente interesante sobre lo que eran los juegos eruditos con que debían de solazarse hasta los sutilísimos «magistri» de las Uni­versidades medievales. Junto a la tesis: «Dios puede hacer todo lo que no implica contradicción», hallamos éstas: «La propo­sición: es posible que el Espíritu Santo sea hombre por ser hijo de la Santa Virgen»; «El Padre, que nunca ha muerto, ¿podría estar muerto?» (asumiendo en la cruz la humanidad del Hijo); «No se podría dar un espacio, por grande que fuese, que el cuer­po de Cristo no pudiera llenar»; «El mismo cuerpo puede ser infinitamente blanco, in­tensivamente, en un lugar, e infinitamente negro, intensivamente, en otro.» Más toda­vía: «Las personas divinas no son eternas»; «Dios podrá existir después que Dios no exista ya»; «Algún hombre ha existido en eterno, cuya humanidad comenzó a existir»; «Dios quiere algo que Dios no quiere, etc.»; «Antes que Dios existiese. Dios hubiera po­dido existir»; «Un condenado está obligado a amar a Dios, porque lo ha condenado, así como un bienaventurado porque Dios lo ha beatificado.» Ésta es la centésima proposi­ción. Todo está en el estilo de la más vie­ja escolástica, en una infinidad de cues­tiones fútiles y vanas, en medio de las cua­les, de cuando en cuando saltan chispas de luminosas intuiciones, como producto se­cundario del proceso de trituración y re­ducción «ad infinitum» de todos los com­plejos lógicos. Por esto no se comprende a qué título esta instructiva colección de los amenos pasatiempos en las recreaciones claustrales esté impresa sirviendo de apén­dice a las Cuestiones sutilísimas (v.) del mismo autor, como en la edición de Lyon de 1495.

G. Pioli