Apología de Arístides Ateniense

Hasta el año 1878 no se conocía de la actividad apologética des­arrollada por el filósofo ateniense Arísti­des, convertido al Cristianismo en los primerísimos lustros del siglo II, sino lo que decía de él Eusebio, tanto en su Crónica como en su Historia Eclesiástica, donde el nombre de Arístides estaba asociado con el del otro apologeta cristiano, Cuadrato. En 1878 los mequitaristas de Venecia publica­ban en Armenia bajo el nombre de Arísti­des, filósofo ateniense, un fragmento de una apología dirigida al emperador Adria­no y junto con ella una homilía, que ha re­sultado ser apócrifa referente a la con­versión del buen ladrón y la respuesta del Crucificado. Cerca de un decenio después, el orientalista Rendel Harris descubría en el monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí, donde tiempo atrás Tischendorff ha­bía encontrado el llamado Códice sinaítico del «Nuevo Testamento», una traducción siríaca de la Apología aristidiana, dirigida a Antonino y no a Adriano.

El texto de la Apología, comunicado por Rendel Ha­rris al investigador de literatura cristiana antigua Armitage Robinson, era identificado como un texto sólo ligeramente retocado, que había sido incluido ya en la conocida novela de Barlaam y Josafat (v.) compuesta en el siglo VII por un monje llamado Juan, del convento de San Sabas en Jerusalén, refundición y adaptación cristiana de la leyenda de Buda, en la que el asceta paga­no Nacor, disfrazado de monje cristiano y proponiéndose pronunciar una arenga con­tra el Cristianismo, se ve obligado a pesar suyo, a tejer las alabanzas de la religión que había querido desacreditar. De esta ma­nera se ha llegado a identificar el texto de la antigua apología, la primera en que, abandonando toda argumentación jurídica y dejando a un lado cualquier examen le­gal de la persecución, se atiene únicamen­te a la reivindicación del monoteísmo, a la polémica contra los cultos paganos y a la exposición sobria y serena de la irreprensi­ble moral cristiana. La afirmación del mo­noteísmo es sostenida calurosamente basándose en la tradición bíblica.

E. Buonaiuti