Apologético de San Anselmo

[Liberapologeticus]. Fue escrito por San Anselmo de Aosta (1033/4-1109) en respuesta a la crítica suscitada por el monje Gaunilón, de la abadía de Marmoútier en su libro en De­fensa del ignorante (v.) contra el argumen­to ontológico contenido en el Proslogio (v.). Los ataques de Gaunilón obligan a Ansel­mo a precisar sus conceptos y a una in­sistencia mayor acerca del significado de la prueba a priori de la existencia de Dios. San Anselmo es el hombre de fe que a las objeciones de Gaunilón se esfuerza por responder con firmes argumentaciones. En realidad defiende una intuición que no puede ser demostrada de manera indudable, precisamente porque es una intuición. Gau­nilón, espíritu positivo y concreto puede haber destruido la demostración de la in­tuición, pero no la intuición misma, cuya verdad es de adquisición inmediata, o bien adquirible por razonamiento.

En el Apologeticus no hay una destrucción de los argu­mentos de Gaunilón, sino que junto a una exposición más exhaustiva de la prueba antológica, recurre continuamente a la con­ciencia cristiana de Gaunilón, y se asom­bra de que él, católico, pueda ponerse de parte de un ateo. Su contradictor que niega entender y pensar el anselmiano «quo ma- gis cogitari nequit», niega tenerlo ni en el intelecto ni en la reflexión; en tal caso, o Dios no es el «quo maius» o no es com­prendido. Como católico el contradictor debe reafirmar la realidad pensada y en­tendida del «quo maius». San Anselmo aña­de que si se puede pensar que Dios sea, debe ser necesariamente; al «quo maius» no se le puede pensar sin que sea y pensándolo debe existir necesariamente. Al argu­mento de Gaunilón de que la existencia de Dios sacada de la prueba ontológica puede ser comparada a la existencia de una isla imaginada, llena de todas las perfecciones, y no por ello con una existencia fundada en lo real, San Anselmo contrarréplica que ese ejemplo es inadecuado porque la isla puede ser perfectamente imaginada como la mayor de todas las cosas existentes, pero no es cosa de que no se pueda pensar otra mayor. Lo que tiene principio o fin o está compuesto de partes se puede pensar como no existente; en el «quo maius» la existen­cia está implícita en el acto mismo de pensarlo.

El ignorante no puede pensar que Dios no existe; y ¿cómo pensar que el ser sea no ser? La esencia y la existencia de Dios no pueden separarse, por esto cuando pensamos en él no podemos pensarlo sino como existente. El mayor de todos los en­tes reales (como la isla imaginaria de Gau­nilón) no es el mayor de todos los entes pensables, no es cosa que no se pueda pen­sar una mayor que ella. La fuerza demos­trativa de Anselmo consiste en mostrar que si el «quo maius cogitari nequit» está sólo en el pensamiento incurrimos en contradic­ción porque decimos estar pensando aque­llo de que no se puede pensar nada mayor pero como esto se efectúa sólo en nuestro pensamiento, ya no es eso de que no se puede pensar nada mayor. San Anselmo in­tenta aclarar otra contradicción diciendo que su opositor demuestra no entender a Dios, sino solamente entender el «quo maius»; pero si el «quo maius» y Dios coinciden, no es posible negar el uno y comprender el otro.

A. Cutolo