Los Epígonos, Karl Lebrecht Immermann

[Die Epigonen]. Nove­la en nueve libros del poeta alemán publica­da en 1836. Es un intento de una nueva gran novela educativa al estilo del Wilhelm Meister (v.).

Con acre sátira el autor des­cribe la generación de los primeros dece­nios del siglo XIX, que llevó la maldición de suceder a un gran período de la histo­ria; con tintas fuertes y estridentes son pintados el pietismo, la demagogia, las aso­ciaciones de estudiantes, los errores peda­gógicos, la altanería de los nobles y el desarrollo industrial. Estos «epígonos» son criaturas débiles en su pasividad y ridiculas en su rebeldía contra el yugo de la tradi­ción. Hermann, el protagonista, es hijo na­tural de un noble y de una burguesa; de­bido a un duelo por una muchacha, Fiammetta (una especie de Mignon, v.), queda herido en un bosque, es recogido por un duque y su esposa y trasladado a un casti­llo, donde permanece algunos meses.

A rue­gos de la duquesa, Hermann se dirige a la ciudad para poner en razón a la her­manastra del duque, Juana, que^ ha huido con su amante, político de carácter som­brío y ambiguo; cuando éste está a punto de ser detenido como conspirador, Juana huye y, después de haber encontrado a Fiammeta (que entre tanto se ha casado y ha quedado viuda de un hombre riquísimo), llega a una espléndida quinta donde Her­mann la alcanza después de afortunadas búsquedas. Después de una noche de amor con Juana, Hermann casi se vuelve loco cuando descubre que es su hermanastra. Pero luego la intriga se aclara, pues resul­ta que Fiammeta sustituyó a Juana en la noche fatal. Por fin Hermann se casa con Cornelia, a quien conocía desde hacía tiem­po y que reaparece de continuo en la no­vela como su ángel consolador en los momentos más difíciles, en una atmósfera de idilio. Contrariamente a Wilhelm Meis­ter (v.), libre y abierto a las sensaciones del mundo, el* epígono Hermann es un carácter ya definido, sobre quien no influ­yen las complejas vicisitudes de la vida. El aire que se respira en la novela es sofo­cante y pesado y la solución de la aven­tura novelesca no es una solución inte­rior.

El autor lleva a la trama los grandes contrastes de la época, pero al fin los concluye con hechos de orden individual (bodas de Hermann y su vuelta a la agri­cultura en las tierras heredadas de su tío, después de haber destruido las nuevas construcciones industriales), que no llegan, por la fuerza del arte, a valores universales. Sin embargo Los Epígonos, junto con Münchhausen (v.), representan la fase más ma­dura del arte de Immermann, al recoger los varios motivos de su complejo espíritu: el estudio atento y agudo del alma contem­poránea, que, esclava de su madurez, no consigue elevarse a lo universal; el humo­rismo sutil y sarcástico; el sentido místico y mítico de las vicisitudes humanas que, ante sus ojos, tienden a desarrollarse en el amplio ritmo de un poema épico.

A. Feldstein