«Escritor de fá­cil e ingeniosa vena / en toda clase de poesía jocosa / no inferior a ningún otro /y por asenso de Italia / el primer epi­gramático»^ según lo definió Gian Battista Niccolini en el epígrafe por él redac­tado, Filippo Pananti (1766-1837) continúa la tradición toscana de la poesía satírica popular, que culminará en Giusti. Por el metro, alguno de sus epigramas (publica­dos con El demonio y las brujas, de Asclepiade Zangolini, Livorno, 1864) puede recordar la costumbre arcádica de la «canzonetta». Los hay que muestran una in­tención visiblemente didáctica y morali­zante, mientras otros son manifestaciones de vivo espíritu burgués, dirigidos contra los vicios humanos más extendidos («Para un envidioso», «Para un avaro», «Sobre un pobre que se ahoga», etc.); muchos son presentados en forma de epitafio y atacan, entre otras cosas, la vanagloria de los lite­ratos ineptos, la pasión del juego, la vileza y la hipocresía. Como ejemplo, citaremos aquel epigrama famosísimo que trata de poner en evidencia cierto optimismo opor­tunista y acomodaticio, difundido siempre en la humanidad de todos los tiempos:

«Sostenía un doctor / que el Creador todo lo hizo bien. / Le dijo un jorobado: / Ob­serva mis espaldas. / Y aquél le replicó: / Tú, para jorobado, estás bien hecho».

S. Spellanzon