Los caballeros de las sombras. Juan Tazón. Intriga histórica

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

A veces la inteligencia tiene que disfrazarse de cualquier cosa para no mostrarse desnuda. Esa es la desgracia de los tiempos y de semejante desatino ha conseguido hacer virtud Juan Tazón, con su magnífica, brillantísima investigación de hechos y escenarios históricos lejos de lo manido.

¿Es divertida la novela? Lo es. ¿Entretiene? Mucho. Pero es otra cosa. No es la opereta de capa y espada que puede esperarse el seguidor de los tópicos.

Arranca la historia con el asesinato de personajes sin nombre, aún. Poco a poco se irán desvelando las claves que permiten entender la razón de esas muertes. Pero va más allá, en una especie de juego cuyo tablero será una Europa convulsa y asolada por las guerras o, lo que es peor, por esos períodos de entreguerras que mantienen una tensa calma y una diplomacia hipócrita e interesada entre las potencias europeas. Eso es Europa al fin y al cabo: un compendio de violencia en un continente dominado por una religión que predica la paz. ¿Qué podíamos esperar?

La historia se desarrolla en varios escenarios; España, Inglaterra e Irlanda serán los bailarines principales de esta danza orquestada por manos oscuras, casi siniestras que se mueven en las sombras. Pero la acción se disemina y abarca Francia e, incluso, Italia. La dificultad de seguir el hilo de la historia, a pesar de la disparidad de escenarios, es superada por el autor con solvencia, sin fisuras. Las guerras mundiales, ya lo veis: no son cosa del siglo XX.

Cobos, Alonso Cobos es el personaje principal y el conductor de la trama. Un personaje bien plantado, y bien planteado. A él, desde la Corte española, o más bien, desde las profundidades de la Corte española, se le encargará descubrir la identidad de los muertos, la relación que une a los mismos, quién o quiénes fueron sus ejecutores y, lo que es más importa para los intereses de la Corte: la razón de sus muertes.

En esas profundidades habitan Idiáquez y Mendoza, personajes también oscuros aunque, a veces y sólo a veces, casi entrañables, van y vienen cabalgando sobre sus ideas y sus estrecheces.  El catálogo de personajes es amplio y variado, hay rufianes, hombres de honor y caballeros sin reino, al servicio del poder. Todos ellos, son personajes sólidos, bien estructurados.

Mientras se va leyendo, el lector se envuelve en un ambiente oscuro y húmedo, es el estado ideal para continuar. Y tal estado es provocado por los escenarios y el tiempo de la acción: en las profundidades de los palacios en España, en la lúgubre Torre inglesa a la que se llega en barca, o en los bosques irlandeses, empapado de sangre y nieblas. Siempre es de noche, aunque no lo sea, es la propia noche que vive la vieja Europa y los personajes se mueven al abrigo de la oscuridad o en tabernas poco iluminadas, donde llevan a cabo su labor: ser sombras en las sombras.

Es un libro de invierno, para leer al calor de una chimenea. Es un libro de verano, para refrescar los calurosos días de verano. Es, para leerlo.

 

Javier Pérez