Proverbios Rusos

Numerosas son las colecciones de proverbios rusos publicadas. La primera de ellas forma parte de la Gramática rusa universal de Kurganov (1769). También hay que mencionar la Co­lección de 4.921 proverbios de la antigua Rusia (1770) y, sobre todo, la compilación de Vladimir Dahl (1862), que contiene alre­dedor de treinta mil proverbios.

Rusia es, pues, uno de los países que tiene un con­junto de proverbios más considerable. Na­turalmente, es necesario tener en cuenta la gran aportación de griegos .y latinos, a veces en traducciones literales, como también, des­pués de la fusión de la Rusia Blanca y la Pequeña Rusia en la Gran Rusia, el enrique­cimiento que supone la contribución del acervo de proverbios de Occidente; así, tras un silencio en la conversación, los rusos di­cen como nosotros: «Ha pasado un ángel…». Pueden distinguirse tres clases de prover­bios rusos: «pritsa», que sugiere un aconte­cimiento imprevisto, un golpe de efecto; «poslovitza», comparación entre dos términos equivalentes, y «pogovorka», dicho breve, más semejante a una metáfora que a un proverbio («Este hombre ve doble» por «Este hombre está borracho»).

Corriente­mente, los proverbios rusos son breves, se­cos, tajantes: «El corazón tiene oídos», «La calumnia es como el carbón; cuando no quema, tizna». Algunos proverbios, hoy en desuso, poseen el interés de relacionarnos con alguna gran época pasada de Rusia, siendo numerosos los que exaltan ciertas ciudades: «Novgorod, el padre; Kiev, la madre; Moscú, el corazón, y San Petersburgo, la cabeza». Aunque Moscú ocupe el lu­gar más destacado, el recuerdo del poderío de Novgorod ha perdurado durante mucho tiempo: « ¿Quién puede resistir a Dios y a Novgorod?». Durante siglos, el pueblo ruso vivió en continuo fervor por el Zar autó­crata, sentimiento que dio lugar a múltiples proverbios: «De Dios son nuestras almas y nuestros cuerpos del Zar».

Algunos, en unas cuantas palabras, ponen de relieve la esen­cia mística del poder político, la función auténticamente sacerdotal del emperador: «Si el pueblo peca, el Zar puede librarle del pecado con sus oraciones, pero si peca el Zar, el pueblo nada puede hacer». También los hay relacionados con costumbres parti­culares: los «viejos creyentes» («raskolniki») no cesaron hasta época reciente en sus pro­testas contra las reformas de Pedro el Gran­de, y surgieron proverbios que denigraban el tabaco, el café, las patatas y, sobre todo, el afeitado: «Nunca entrará en el Cielo un hombre sin barba». El dicho campesino: «No olvides el trozo de pan del vagabundo», se relaciona con la antigua costumbre de disponer en el alféizar de las ventanas que se asomaban a lo largo de los caminos pedazos de pan para los forzados evadidos. El interés de los Proverbios estriba espe­cialmente en que, a través de ellos, se pe­netra en la vida íntima de los pueblos.

De este modo, podemos formarnos una idea más auténtica de la existencia del campesino ruso en su isba, donde toda la vida irradia la gran estufa, porque «Siempre reina el verano alrededor de la estufa»; y si «El pan es nuestro padre y la leche nuestra madre» es natural que un pastel de carne constituya un lujo de día de fiesta o un signo claro de poderío social: «No es el rincón de los ico­nos, sino un pastel lo que hace hermosa una isba». En la soledad del campo, casi no hay otra distracción que el alcohol, y los Proverbios rusos se «muestran muy in­dulgentes con la embriaguez: «Dios vela por los niños y los borrachos»; y no habrá que decir que «Rusia bebe en la alegría como en el dolor». Además, se trata de un signo de hombría y de nobleza: «Quien bebe agua no desciende de los boyardos». El campesino ruso es, antes que nada, agricul­tor («Mujik, prepárate a morir y, mientras, trabaja la tierra») y muchos son los dichos que aluden al centeno, principal riqueza nacional de otros tiempos.

Los proverbios más característicos hacen referencia a la vida religiosa, mostrándonos que el paga­nismo no ha cesado de subsistir junto al cristianismo en el alma popular. En ellos se nos habla de seres sobrenaturales como dia­blos, duendes, brujas, «kikimora», etc., y se evocan antiguas fiestas dionisíacas o el culto a los bosques y árboles centenarios: «Del hueco de un árbol sólo puede salir un búho, o Satanás en persona». De todas formas, el cristianismo viene a ser una de las fuen­tes más importantes de la producción pro­verbial. A veces se trata de una simple evo­cación poética de la enseñanza teológica («El Cielo es la casa de Dios, y las estrellas, las ventanas por donde se echan a volar los ángeles»); corrientemente, constituyen lla­mamientos a la caridad evangélica que alimentan las naturales tendencias generosas del pueblo ruso («El pobre sólo tiene una piel de cordero, pero también una alma hu­mana», «Teme más que las amenazas del rico los lloros del pobre»).

Algunos prover­bios se revelan poco ortodoxos e incluso francamente subversivos. He aquí la inmen­sa laxitud de una existencia demasiado pe­nosa: « ¿A qué tanto rogar a Dios que nin­gún bien nos hace?»; o bien la cólera ante las exacciones de la iglesia: «A Dios la gloria y al pope el tocino», junto con esta extra­ña definición: «El pope es un gran saco sin fondo». Lo mismo que las canciones popu­lares (v. Poesía popular rusa), los prover­bios se muestran muy pesimistas en rela­ción a la vida conyugal. Esta tendencia universal se acentúa aún más aquí: «Se casa uno una vez y se llora toda la vida». La esposa es insoportable, pero es imposible librarse de ella, porque «Una mujer no es como una guitarra que se cuelga de la pa­red cuando se acaba de tocar». También aquí sólo hay un medio para dominarla: mano dura («Quiere a tu mujer como a tu propia alma y varéala como a tu chuba» — capa campesina—).

Como es lógico, du­rante el noviazgo, el proverbio sabe ponerse a tono, encomiando poéticamente la belleza femenina: la muchacha de rojas mejillas, en medio de la ronda, es como «un resplan­dor de amapolas en un vergel». De todas formas, el cuadro conyugal no siempre se carga de negras tintas, que no en balde son «Marido y mujer, una sola alma». Como una de las tendencias esenciales del proverbio ruso, destaca la resignación; resignación ac­tiva que ayuda a limar las asperezas de la vida nacional contaminada de cierto salva­jismo. Numerosos son los llamamientos al olvido de las injurias y al arreglo pacífico de las querellas: «Más vale una mala paz que la peor de las guerras». Antiguamente, al final de las escrituras siempre figuraba el célebre proverbio «…como una piedra en el agua», dando a entender que las diferencias que­daban olvidadas en aquel punto, desvane­ciéndose como las señales de la piedra en la superficie líquida.

Múltiples son los dichos por donde se expresa el famoso fatalismo ruso: «Activo o gandul, del destino no te libras», «El lobo coge la oveja que le ha sido destinada»; o este otro tan celebrado: «Dios está muy alto y el Zar muy lejos». De todas formas, el ruso no suele caer en la inacción ni teme afrontar la vida: «Ruega a Dios, pero rema hacia la orilla». Final­mente, otro rasgo no menos característico que el fatalismo, viene a ser la honda tris­teza de la espera, la angustia de lo que ya es certidumbre, y que tan bien se refleja en proverbios como éste: «Dios escucha, pero no tiene prisa en hablar».