Vida de Héroe, Richard Strauss

[Hein Heldenleben]. Gran poema sinfónico, op. 40 (1899), de Richard Strauss (1864-1949), dedicado a Wilhelm Mengelberg. El héroe llama a la puerta de la vida con el alma llena de sueños. Le responden los sarcasmos de los epígonos, mundo cerrado de ruindad y de rencor. Pero también otra voz responde: es la de la mujer que le adula y le esquiva, que le incita al bien y al mal. El héroe combate con los epígonos. Vencedor, se de­dica a obras pacíficas y luego marcha al encuentro de la muerte con la serenidad de los sabios.

Vida de héroe es, con la Sinfonía doméstica (v.), la más completa obra sin­fónica de Strauss; y hay quien afirma que es la más bella. La técnica es siempre una: los temas son agotados al máximo en forma directa y con infinitas variaciones; los con­trapuntos que van surgiendo son empleados sucesivamente como nuevos temas, a su vez, dejando que las ideas principales destaquen por su valor. Y, a la vez, el habitual ímpetu rítmico, la riqueza y la suntuosidad colo­rista *de una orquesta numéricamente ex­cepcional. En Vida de héroe se encierran episodios de una originalidad superior a la acostumbrada: los del héroe, de los epí­gonos y de la batalla y. sobre todo, el de la mujer, confiado al violín solo, que difunde sobre toda la obra una singular dulzura. En la última parte «las obras de la paz» están simbolizadas en los temas de poemas pre­cedentes: Zarathustra (v. Así hablaba Zarathustra), Don Juan (v.), etc.

E. M. Dufflocq

Algunos momentos que se resienten de trivialidades o de italianismo exagerado pueden no satisfacer; pero casi de repente queda uno captado por la prodigiosa varie­dad orquestal, o por un movimiento frené­tico que nos transporta donde y como él quieref se pierde la capacidad de dominar la propia emoción, y uno no se da cuenta siquiera de que este poema sinfónico sobre­pasa la medida de la paciencia habitual ne­cesaria para este género de ejercicio. (Debussy)

Obra extraordinaria, embriagada de he­roísmo, colosal, barroca, trivial y sublime. Un héroe homérico se debate allí en medio de malignas sonrisas de la muchedumbre estúpida, bandada de ocas chillonas y vaci­lantes… nadie puede dudar que el pensa­miento de Beethoven había inspirado fre­cuentemente, estimulado y guiado el de Strauss… pero el héroe de Strauss es muy distinto del de Beethoven… y, además, en Vida de héroe se encierra un desprecio humillante, una risa malvada, que casi nunca aparece en Beethoven. Poca bondad. Es la obra del desprecio heroico. (Rolland)