Vida de Henri Brulard, Sten­dhal

[Vie de Henri Brulard]. Obra autobiográfica de Sten­dhal (Henri Beyle, 1783-1842), escrita entre 1835 y 1836, y publicada por vez primera, incompleta, en 1890, por C. Stryienski, y en 1913 por Henri Debraye en la edición crí­tica.

El fin de esta autobiografía, en la cual, no se sabe por qué, Stendhal se oculta bajo el nombre de Henri Brulard, es, por propia declaración del autor, el de lograr una definición de sí mismo a través de una revisión rigurosamente objetiva de la propia vida y de hallar una conclusión de su pro­pio carácter, su propia moralidad y su propia inteligencia. La narración se inte­rrumpe, sin embargo, en el año 1800, deján­donos la visión de un Stendhal de diecisiete años enamorado hasta la locura, al que el escritor, que ya cuenta cincuenta y tres, no logra acercarse con serenidad; hasta tal punto reviven en él las impresiones de aque­llos primeros años. La obra se nos presenta así como un análisis sutil y agudo de una infancia y de una adolescencia.

Netísimas son las imágenes más lejanas: la figura de la madre, fallecida cuando él contaba siete años; la del abuelo materno, Henri Gagnon, viejo médico volteriano; de su tía Isabel, altiva pero generosa burguesa con espíritu de nobleza; de su joven tío, distinguido y galante. La muerte de la madre y el estallido de la revolución trastornan aquel mundo setecentista: el muchacho que­da bajo la incierta guía de los abuelos, expuesto a las vejaciones de la tía materna, Serafina, soltera neurótica y absorbente; prácticamente descuidado por el padre, débil y maniático, quien lo somete a una educación formal y conservadora. En este ambiente, el muchacho se hace revolucio­nario; ocultamente sigue los triunfos de la revolución y ve con alegría, apenas disimu­lada, el espanto de los suyos. Pero es una rebelión que ha nacido por reacción; en realidad no llega a comprenderla, y se siente ligado al mundo de su primera in­fancia, amando todo lo que es bello y refi­nado, la naturaleza, el espíritu y los libros; la plebe le causa horror. Pero su vitalidad interior no le permite adaptarse al sentido angustioso de una nostalgia que le impulsa con\ avidez hacia sueños de una nueva y libre vida.

Henri se apasiona por los estu­dios matemáticos y se propone inscribirse en la Escuela Politécnica de París. Llega allí en el año 1799, a los diecisiete años de edad, entra en París pero no se matricula: sus sueños de evasión quedan desbaratados in­mediatamente por la visión de la ciudad triste, sin árboles, abordada en lo que tiene de más mediocre. Pasa algunos meses dominado por la tristeza, hospedado, des­pués de una seria enfermedad, por su primo Daru; gracias a él obtiene un modesto em­pleo en el Departamento de Guerra, y por fin se enrola en el ejército de reserva, y solo, con la única providencial compañía de un oficial que encuentra por casualidad, pasa el San Bernardo para reunirse en Italia con el ejército de Napoleón. Figuran éstas entre las páginas más hermosas de toda la pro­ducción de Stendhal.

En Milán encuentra a su primo Marcial Daru; pocos meses des­pués llega a ser alférez del 6.° de Dragones y se enamora como un loco de Ángela Pietragua… Aquí la narración se interrumpe. Se ha dicho que esta autobiografía es la obra maestra de Stendhal; en realidad traza aquí la novela de sí mismo; una novela psicológica en la que la vida interior tiene el mismo relieve y la misma compleja rea­lidad de un mundo exterior, poblado de figuras, de panoramas y de acontecimientos. Sigue la trama de su espíritu refiriendo esta o aquella posición a impresiones infantiles, a secretas herencias espirituales que pro­ceden del abuelo, o de la tía, o directamente de antepasados casi legendarios. Y todo esto sin teorías premeditadas, brotando casi del recuerdo con la misma precisión de un personaje de la fantasía de su creador. Henri Brulard se nos muestra aquí como el más complejo y el más vivo de los perso­najes de Stendhal, el personaje que contiene en sí a todos los demás y que los ilumina a todos, creando un puente entre su realidad artística y la de su propia vida.

U. Déttore