Viaje del Parnaso, Miguel de Cervantes Saavedra

Poema de más de mil tercetos, obra del gran escritor español Miguel de Cervantes Saavedra (1547- 1616), publicado en Madrid en 1614. Se trata de una imitación del Viaje al Parnaso (v.) y de los Avisos del Parnaso (v.) del poeta italiano Cesare Caporali.

Cervantes desarrolla la misma alegoría que el poeta italiano: los malos poetas intentan asaltar las cumbres del Parnaso. Con tal motivo, y por orden de Apolo, Mercurio emprende el viaje a España — que Cervantes nos re­lata minuciosamente — en busca de los buenos poetas. Vienen entonces los elogios a un centenar de poetas hispanos que mar­chan con Mercurio. Los elogios de Cervan­tes son pesados, monótonos y reiterativos. Prodiga las alabanzas, si bien debajo de ellas hay siempre una nota de dolor, una leve ironía e incluso un cierto resentimien­to. Lamenta que él no sea considerado y aduce sus obras. En la galera simbólica en la que realizan el viaje recogen en Va­lencia a los poetas de aquella ciudad Guillén de Castro, Artieda, Virués, etc. Pasan por Italia y arriban por fin a la cumbre del monte Parnaso. Llega también una nave cargada de poetas quejosos de que Cervan­tes no los haya incluido en el viaje y a este propósito dice el autor:

«Unos, porque los puse, me abominan;/otros, porque he dejado de ponellos,/de darme pesadumbre determinan./Yo no sé cómo me avendré con ellos :/los puestos se lamentan; los no pues­tos/gritan; yo tiemblo déstos y de aquéllos».

Pero esta nave es hundida en el mar por obra de Neptuno, y Venus vestida a la moda los convierte a todos en calabazas y odres. Apolo arenga después a sus poetas y em­pieza la batalla. Los poetastros disparan contra los buenos poetas los tomos de sus obras, pero al final son derrotados y puestos en fuga. Pero ahora viene el verdadero juicio de Cervantes sobre los rimadores españoles contemporáneos. Apolo cree que sólo nueve son dignos de la corona, y esto ocasiona grandes disgustos entre ellos. ¿Quiénes eran estos poetas? Acaso Quevedo, los dos Argensolas y algunos otros. El Viaje del Parnaso es una obra irregular. Al lado de fragmentos que responden a la mejor tradición de la poesía del Siglo de Oro (así esta descripción de la Poesía: «La ma­yor hermosura se deshace/ante ella, y ella sola resplandece/sobre todas, alegra y sa­tisface./Bien así semejaba cual se ofrece/ entre líquidas perlas y entre rosas/la Auro­ra que despunta y amanece»), encontramos tercetos duros, diéresis, sinéresis y sinale­fas arbitrarias, inarmónicas y caídas en el prosaísmo. El tono general, con todo, res­ponde a los moldes comunes de la poesía del tiempo, sin que el ingenio de Cervan­tes sepa dar calidad al verso.

La obra se cierra con una «Adjunta» en prosa, que es evidentemente mejor que todo el poema. Todo esto se relaciona con el problema de Cervantes poeta, es decir de su falta de ingenio en comparación con su obra en prosa. A pesar de sus quejas, es precisa­mente en el Viaje del Parnaso donde nos dice unas palabras que acusan la conciencia que él tenía de este problema: «Yo, que siempre me afano y me desvelo/por parecer que tengo de poeta/los dones que no quiso darme el cielo». Cervantes, como poeta, destaca más en composiciones aisladas — al­gunas de las cuales se encuentran inclui­das dentro de las novelas — que no en las obras en verso. Los críticos se han pronun­ciado ya en favor del juicio de que Cer­vantes era un gran poeta, ya en contra. Con razón dice Valbuena Prat: «…en verso, con brillantes excepciones, no pasó Cer­vantes de buen aficionado». Y él mismo nos descubre su amargura en el terceto transcrito más arriba. Carece de la per­cepción musical del ritmo, él precisamente que sabía percibir tan hondo el de la pro­sa. Y de esto es ejemplo el Viaje del Par­naso, poema irregular, si bien interesante por las alusiones autobiográficas y a autores de su época. Esta obra fue imitada por Leandro Fernández de Moratín en La de­rrota de los pedantes (v.)