Una Vida, Italo Svevo

[Una vita]. Novela de Italo Svevo (pseudónimo del italiano Ettore Schmitz, 1861-1928), publicada en 1892: después de haber pasado casi inadvertida por la crítica italiana, participó, en su edición, de 1930, de la notoriedad de que el autor fue rodeado desde la publicación de la Con­ciencia de Zeno (v.).

Es un testimonio del análisis lento y despiadado de la psicología de los vencidos que tiene tanta importancia en la novela moderna. Un joven, Alfonso Nitti, de un pueblo de provincia, va a Tries­te y halla trabajo en una banca, la Mailer y Cía. Su mezquina existencia de insigni­ficante empleado va pasando por las luchas de costumbre en estos casos: contratiempos de oficina, rivalidades de compañeros, sen­sación de angustia ante deseos que no se pueden sofocar. Entre la vida de banca (en la que, entre otras figuras de superiores y colegas, sobresale la de un empleado, Luigi Miceni, descarado y burlón, todo lo con­trario de él) y su vida casera (la familia Lanucci, en que está de pensionista y cuya influencia experimenta de diversos modos), el joven se consume en inútil espera. No parece esperarle nada bueno, pero la casa de su principal, el rico Mailer, se abre final­mente para él: la hija de éste, Annetta, vo­luble y vanidosa, lo atrae y lo hace sufrir como por juego entre los demás pretendien­tes, uno de los cuales es el infeliz Fumigi, que se arruinará luego por la muchacha, y el otro es el abogado Macario, primo de Mailer, brillante y fatuo.

Alfonso estudia en la biblioteca, sueña la felicidad, se con­sume en continuo tormento. Pero no es apto para la vida; todo se le muestra como un sueño inútil. En medio de esta inquietud (aumentada por la familiaridad con Annetta por afinidades literarias) llega a ser para ella algo más que los otros y por un nuevo capricho la joven se le entrega. Pero la conquista es breve; Annetta tiene que ale­jarse para evitar escándalos. En tanto, mue­re la madre de Nitti poco después de vol­ver éste a su pueblo; la vida de provincia, con sus mezquindades, con los bajos mane­jos del notario y del farmacéutico contra él, lo abruma. Rosina, su primer amor, se casa con otro, y en los diversos tráfagos cotidia­nos la gente del lugar sólo vive para seguir viviendo. El joven, aburrido, vende su casa paterna y, después de una enfermedad que por poco le mata, llega a Trieste para rea­nudar su’ trabajo. Y aquí la angustia vuelve a asaltarle: Annetta se va a casar con Ma­cario y en la casa donde está de huésped, los Lanucci, la joven Lucía, a quien él ya se había preocupado por encontrarle marido, ha sido seducida por un tipógrafo. Para ayudarla a casarse le da el poco dinero co­brado por la venta de la casa, pero ahora su vida ya no es más que una fantasmagoría de deseos y lamentos.

Una última cita pe­dida por Annetta acaba con el brusco en­cuentro con el hermano de ella, Federico, un pisaverde despreciable. Es menester desa­fiarse con él. En medio de angustiosa per­plejidad, soñando aún con ser recordado por la pérfida, Alfonso se asfixia con gas. Así termina aquella angustiosa y cansada «vida»: entre dolores y sutiles tormentos de un abúlico que no consigue elevar su exis­tencia y se abate contra un mundo malvado e inicuo. Pero en esta atmósfera, la intros­pección clara y minuciosa se convierte en fin de sí misma y las páginas acerca de la vida cotidiana y la triste fatiga del vivir, si bien consiguen sugerir netamente la sen­sación física de la depresión, no la transfi­guran luego en tragedia ni en poesía.

C. Cordié