Sonata para piano, op. 28, en «re ma¬yor», de Beethoven

Composición para pia­no, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), estrenada en 1801. A esta Sonata, cuya estructura típicamente orquestal ha sido a menudo observada, se le ha dado — y no por parte de Beethoven — el epíteto de «Pastoral» que el primer tiempo y, sobre todo, el último justifican suficientemente. En el huracán de trágicas crisis y canden­tes pasiones que llenan el alma de Beetho­ven a los treinta años, hay una pausa de frescura, un rincón de paisaje soleado y sin nubes. El «Allegro» comienza directamente por el primer tema, una melodía descen­dente de aire graciosamente indeciso, como de quien se introduce por un paisaje deteniéndose a cada paso para mirar en derre­dor. El segundo tema, melodía de pocas no­tas, tiene un carácter casi coral, y está envuelto en un susurro indistinto. El des­arrollo no tiene nada de dramático y se es de notar su analogía rítmica (tiempo de 3/4 con acento en la última) con un pasaje del Claro de luna (v.) («Allegretto», se­gunda frase del «trío»).

El «Andante» no tiene nada de específicamente pastoral, pe­ro es una página tranquila, recogida, varia­da en su mitad por un episodio brillante, hecho insólito en los movimientos lentos de Beethoven. En la reexposición el tema aparece en semicorcheas, procedimiento que será sublimado en el «Andante» de la Sin­fonía n.° 5 (v.). El «Scherzo» es una de las páginas más hábiles de Beethoven, y tiene todo el aspecto de un juego pianístico para divertir a algún oyente. Recuérdense las ocurrencias de jovial humor que tenía Beet­hoven en sus horas gozosas, su gusto por las bromas y los chistes. El verdadero cua­dro agreste y pastoril es el «Allegro ma non troppo» del rondó, en 6/8, escandido rústicamente en los bajos sobre un ritmo de danza aldeana. Es ésta una campiña to­davía idílica; es la distensión del alma y de los nervios en la paz de los campos, en el verdor de los bosques, entre el susurro de las aguas. Dice mucho acerca del clima espiritual de este rondó su difusa analogía con la Sonata en «do mayor», también «pas­toral», de Scarlatti. Atiéndase, por ejemplo, a la substancial afinidad rítmica y melódica en el modo de escandir el ritmo ternario: en 12/8 en la sonata de Scarlatti y en 6/8 en la de Beethoven y no parece del todo casual la otra analo­gía, que consiste en alternar con este ritmo ternario, entrecortado y ondeante, pasajes de compases llenos, en semicorcheas, como los que Scarlatti reúne en la última parte («Presto») de su Sonata.

M. Mila