Piezas para Piano, Frédéric Chopin

Frédéric Chopin (1810-1849) escribió numerosas composiciones para piano, aparte aquellas otras clasificadas bajo títulos tan célebres como las Baladas (v.), los Scherzos (v.), las Polonesas (v.), los Nocturnos (V.), etc. La mayoría de estas piezas pertenecientes a distintas formas han sido reunidas bajo el título genérico de Piezas para piano.

En­tre estas últimas se encuentran algunas muy notables. Citemos, ante todo, el Allegro de concierto, op. 46, que el propio Chopin eje­cutó repetidamente. La Nana, op. 57, deli­cada, cincelada como una joya, es de gran pureza de sentimiento. La Barcarola, op. 60, constituyó una de las más bellas composi­ciones de Chopin; un ritmo entusiasta se mantiene a lo largo de toda la pieza, desta­cándose del conjunto el episodio central, de una asombrosa simplicidad lineal. Las Es­cocesas, op. 72, encierran un encanto pe­netrante. Dos grandes formas, que han ins­pirado a Chopin son la del rondó y la de las variaciones. Se le conocen cinco Ron­dós, de los cuales uno a dos pianos'(op. 73) y un Rondó de concierto llamado «Krakowiak» (op. 14) aparecen insuflados de en­canto, alegría y distinción.

Estas compo­siciones han sido injustamente tratadas, a pesar de su espontánea inspiración y de al­canzar una auténtica calidad (Rondó, en do menor, op. 1; «a la Mazur», op. 5, y Rondó en mi bemol, op. 16). Se conocen cuatro series de Variaciones: las compues­tas sobre un tema alemán; las que giran en torno de un tema de Don Juan, op. 2; las Variaciones brillantes, op. 12, y las Gran­des variaciones. Citemos, finalmente, el Bo­lero y la Tarantela, entre estas piezas para piano, a las que hay que atribuir un gran valor tanto por su calidad de inspiración como por su importancia histórica en la obra y la vida del gran compositor polaco.