Pierrot Lunar, Arnold Schoenberg

Melodrama para decla­mación melódica y orquesta, del compositor austríaco Arnold Schoenberg (1874-1952), publicado en 1912. Es interesante observar el profundo cambio que experimenta la es­critura del compositor entre sus primeras obras, como los Gurrelieder o Pelléas y Mélisande (v.) y el Pierrot lunar.

Grandemente influido en sus comienzos por Wagner y Mahler, Schoenberg logra zafarse de estas tutelas gracias a su poderosa personalidad, convirtiéndose en el jefe de la «escuela atonalista», si bien puede decirse que el «atonalismo» viene a ser una de las conse­cuencias del cromatismo de Tristán e Isolda (v.) de Wagner. Esta constante inquietud por la atonalidad alcanza su grado más alto en el Pierrot lunar. A menudo la expre­sión dimana del ritmo únicamente más que de la melodía. Incluso la composición de la orquesta — escasos instrumentos, pero de percusión y estridentes — refleja ese deseo de atraerse más la atención y la inteligencia del auditorio que su sensibilidad, siendo quizás y simultáneamente el mérito más alto y el menos lisonjero de Schoenberg haber sido un teórico y un intelectual antes que un músico de genio. De igual modo, el Pierrot lunar se nos aparece como más imortante por su influencia sobre otros com­positores que por sus intrínsecos valores musicales. El Pierrot lunar marcó una época en la historia de la Música.