Piedras Vivas, Waclaw Berent

[Zywe kamienie]. No­vela del escritor polaco Waclaw Berent (1871-1941), publicada en Varsovia en 1918. La acción de la novela — o poema, como quiera llamarse — se desarrolla, según pa­rece, a fines de la Edad Media, en un pue­blo de Estiria donde la humanidad, cansada y enferma, languidece en el ocio y en una completa decadencia de espíritu y pen­samiento.

Dos relatos simultáneos se suce­den estrechamente enlazados; la acción del último caballero andante, sosias de Lanzarote (v.) y la expedición de cantores y ju­glares a la pequeña ciudad disoluta. El caballero, afortunado amante de la reina, acusado de haber dado muerte a un guar­dián, huye de la ciudad después de un furioso combate, en el que le ha prestado ayuda un grupo de vagabundos. Con un examen más atento vemos que los símbolos se amplían: ya no se trata de la historia del pueblecillo en un determinado momento histórico, cuando pasan por sus calles los Lanzarotes, los goliardos y los místicos; es la búsqueda afanosa del alma humana que anhela la alegría y la belleza, encarnadas en el caballero andante.

De las «piedras vivas» (las estatuas de un maestro artífice) extrae el poeta verdades alegres y creado­ras. Algo del Gólgota no ha llegado toda­vía a los hombres: por ello el corazón de los- cristianos crea aquellos caballeros en incesante busca del Graal, para arrancar la tristeza de la faz de la tierra, para renovar los corazones. Es elevado en el poeta el sentimiento del pensamiento creador. Su estilo, en la misma disposición de las ex­presiones, en la sintaxis, en los parangones, en las metáforas, refleja su pensamiento. Es completamente especial en él el meca- mismo del idioma, que precisamente en Piedras vivas encuentra su expresión más perfecta. Las características de esta particularísima forma de arte son una tendencia a operar con lo abstracto como si fuese concreto, un frecuente recurrir a metáforas gigantescas, a onomatopeyas, un predomi­nio de melodías llenas de ritmos ondulantes, una exactitud y plasticidad extraordinarias en la reproducción de los menores susurros, de los gestos, de las imágenes; y por fin, el uso de una nueva sintaxis.

Todo ello hace de la novela de Berent una obra maestra de concepción y de forma, elevándola, aun tratándose de una obra en prosa, a las mayores alturas de la poesía y señalándole un lugar propio en el cuadro de toda la literatura polaca. Trad. parcial italiana de Enrico Damiani en la «Rivista di Letterature Slave» (Roma, 1927).

E. Dusi