Pequeño Tratado de Versificación Francesa, Théodore Foullain de Banville

[Petit traité de versifica­tion française]. Obra muy característica del poeta Théodore Foullain de Banville (1828- 1891). Se publicó en 1872 y, en ella, el autor recoge sus ideas sobre el arte de la poesía, y nos da una especie de Arte Poética (v.) de los tiempos nuevos.

Amenizado con cu­riosos fragmentos pintorescos y graciosas afirmaciones paradójicas, el libro va pre­cedido de algunas pocas afirmaciones de principio: sobre la gratuidad de la poesía, la necesidad de una forma impecable, que es la única que puede transformar nuestras informes fantasías en arte verdadero, y so­bre la sublime «inutilidad» del arte en gene­ral, cuyo único mérito consiste en embe­llecer la vida. Sigue la exaltación de la rima, en la que se recoge todo el jugo del verso, única que testimonia, con su acierto expresivo, la originaria bondad de la ins­piración. Pues el rimar bien es un don natural y un signo de probidad y sinceridad artísticas: «mientras el poeta expresa fácil­mente su pensamiento, rima bien. Apenas su pensamiento se detiene, se detiene tam­bién la rima; se hace forzada y vulgar; esto es natural, ya que para el poeta, pen­samiento y rima son la misma cosa…».

Pero así como la inspiración no es nunca conti­nua, funciona como con una especie de iluminación, a saltos, el sabio trabajo del artista consiste precisamente en ligar estos fragmentos en la armonía de un todo único, que es lo que constituye la obra de arte. En esto han de socorrerle el gusto y la cul­tura, y pueden servirle también numerosos expedientes o «secretos del oficio», que Banville enumera con minuciosa precisión. Termina el Tratado con una reseña de las formas estróficas más características de la poesía francesa.

El autor, como es natural, prefiere la forma cerrada, difícil y traba­jada aun sin negar los méritos de las osa­das y geniales innovaciones. La Fontaine es su modelo; pero va más allá, va hasta los «Triolets» y «Virelais» medievales, y hasta el «Rondó» de Charles d’Orléans y las «Baladas» de François Villon. De aquí un mérito que no es el único ce este librito tan vivo, el de ser una especie de rápida reseña de las formas más características de la poesía francesa, hecha por la mano hábil y cuidadosa de un profundo conocedor de ella.

M. Bonfantini