Los Planetas, Gustav Holst

[The Planets]. Suite sinfónica, op. 32, del compositor inglés de origen sueco Gustav Holst (1874-1934), com­puesta en 1915-17 y ejecutada en Londres en 1920.

Está desarrollada en forma de poe­ma sinfónico, con precisas referencias lite­rarias: se interpreta el significado esotérico ritual de cada planeta, a menudo diverso de la imagen mitológica. Marte aparece como «portador de la guerra» y Mercurio como «mensajero alado»; pero Venus es «porta­dora de la paz», y sobre todo Júpiter es «portador de alegría», en un sentido casi dionisíaco; Neptuno es el «místico» que compaña a Saturno, «portador de la vejez», y al «mago Urano». Se ha querido reconocer en Los Planetas el período oriental de la copiosa producción de Holst, interesado en el ocultismo místico del pensamiento filo­sófico indio (v. Sāvitrī). Período central, singularmente aislado entre el juvenil, vuel­to hacia los descubrimientos del folklore in­glés, y el ecléctico de la plena madurez, que desembocará más tarde en la devoción a Bach, de acuerdo con la afirmación de un gusto neoclásico.

Los Planetas son, en el fondo, un producto del último romanticismo alemán; la naturaleza «inspirada» del músico, elocuente, en muchos puntos straussiana, y su gusto por el timbre como in­mediato término expresivo de evidencia visual, una y otro estimulados por un tema rico en situaciones, son las características de esta partitura. Música descriptiva, o sea de aquella que mira a través de sonidos.

Así, por ejemplo, el carácter bélico de Marte está «visto» en la insistencia rítmica de un 3/4 en un crescendo del «tutti», que culmina en un «fortissimo», donde al lado del órgano se hace amplio uso del metal; así lo celestial de sabor wagneriano de Venus, con alusiones a los modos griegos con arpas, madera y celesta, sobre el fondo del «solo» cantante del violín; así la espe­cie de bacanal de Júpiter, que alude a la experiencia del dialecto musical inglés como vivificación rítmica, y el cansancio de la vejez de Saturno, en sucesiones de «quin­tas» y «cuartas», el cordial magicismo de Urano y, por fin, lo incorpóreo de Saturno: «pianissimo» constante, variedad del dis­curso obtenida sólo con la variedad de los timbres; es de observar, por fin, el coro femenino «a capella», que colabora en la «disolución en la luminosidad». De este con­junto de imágenes brota y se afirma el gusto de Holst, en un encuentro continuo de moti­vos comunes, efectista y musicalmente cen­trado. Esto explica la fama de Los Planetas, que es la obra más conocida del músico inglés. E. Zanetti

Las diferentes partes de esta obra se basan en estados de ánimo muy diversos y de desigual eficacia expresiva; sin em­bargo, campea del principio al fin una audaz negativa a todo compromiso, a todo claros­curo que ensombr&zca la línea de su pensa­miento.  (E. Walker)