Las Brasas del Cenicero, Catulle Mendés

[Les Braises du cendrier]. «Nuevas poesías» de Catulle Mendés (1841-1909), publicadas en 1900. Como muestra de gran versatilidad formal, son claro indicio de la trasformación que lentamente sufre la poesía parna­siana al contacto con las nuevas corrientes literarias, aunque contradichas, como el sim­bolismo y el decadentismo. La vida senti­mental del autor está contemplada en una especie de tetralogía, a la cual dan un sig­nificado claramente alusivo y autobiográ­fico los diversos epígrafes: Las «brasas del cenicero» de día no se ven; pero por la noche, en la intimidad, comienza a brillar, como diamantes negros; incluso las lágri­mas no las apagan, sino que las hacen más vivas; con su resplandor se abren al recuer­do y a la nostalgia, hasta que desde la ven­tana entreabierta llega un soplo vivo que produce un nuevo estremecimiento y luego hace que todo desaparezca en un torbelli­no. En torno a dicha posición espiritual, no ajena a cierto lamento de la naturaleza romántica, ofrecen interés las evocaciones de los poetas contemporáneos, entre las que destacan por su viveza descriptiva, las de Albert Glatigny, cuya vida turbulenta tra­tará Mendés de revivir en una obra dramá­tica, Coppée, Verlaine, Heredia, Mallarmé.

Busca de motivos tradicionales, expresados en forma nueva, son «La pesadilla de Don Juan» («Le cauchemar de don Juan») en la que Dios recomienda humildad al famoso amante, mientras el criado Sganarelle, despertándole, le devuelve la realidad de su vida; «El Angelus» («L’Angélus») que co­menta el celebrado cuadro de Millet, y «El oro del Rhin» («L’or du Rhin»), entrete­jido de tradiciones y leyendas. Una parte de la recopilación, dedicada a reconstruir, incluso en forma escénica, actitudes y senti­mientos contemporáneos, desde Leconte de Lisie hasta Banville, desde Baudelaire has­ta Verlaine o el pintor Puvis de Chavarme, muestra la facilidad casi mimética con que Mendés subraya motivos y situaciones espirituales. Varias composiciones galantes, hechas de baladas, odas breves y rondós, demuestran una maestría que re­cuerda el ejemplo de Gautier y la tradición formal de los parnasianos. El libro testi­monia una vez más la versatilidad de Mendés y al mismo tiempo la tenuidad de una expresión en cuyo fondo no se halla la profunda y oculta pasión que anima a los mejores poetas del grupo.

C. Cordié