La Vestal, Gaspare Spontini

[La Vestale], ópera en tres actos de Gaspare Spontini (1774-1851), según libreto de Étienne de Jouy, estrenada en „París el 15 de diciembre de 1811.

Durante la ausencia de Licinio, su novio, Julia ha en­trado en la congregación de las vestales; pero cuando él vuelve a Roma, después de haber conseguido la victoria sobre los galos, siente que se enardece de nuevo su antiguo amor. Olvidando sus deberes de sacerdotisa, una noche abre las puertas del templo de Vesta al joven general, y durante un apasio­nado coloquio deja extinguirse imprudente­mente el fuego sagrado de la diosa. El gran pontífice, al descubrir que el templo ha sido profanado, lanza el anatema contra Julia y la condena a ser sepultada viva. A punto de bajar Julia a la tumba, Licinio, después de haber intentado inútilmente arrancarla a la muerte usando la violencia, se dispone a compartir con ella la pena por el sacri­legio cometido, cuando el cielo se oscurece de improviso, estalla la tempestad, un rayo cae sobre el altar y vuelve a encender el fuego sagrado. Con este milagro Vesta ha querido conceder su perdón.

Julia, absuelta y liberada de sus votos, va con Licinio al templo de Venus Ericina, donde serán cele­bradas las bodas. La Vestal, que encontró fortísimas oposiciones por ser al principio tenida por irrepresentable por su atrevi­miento, halló un ardiente defensor en Napo­león, al cual no podía desagradar aquel in­tento de llevar a la escena el espíritu de la antigua Roma. Por su sabio uso de la instru­mentación, que refleja su procedencia de Gluck, aunque más cuidado; por la combina­ción de sonoridades nuevasr que serán des­pués predilectas de Meyerbeer; por su pode­rosa capacidad dramática y colorística y por el gusto con que se han trazado las situacio­nes, se revela como obra de un artista de genio; indudablemente, la más significativa del neoclasicismo musical del primer Imperio.

Entre su páginas más bellas figuran la ober­tura que, en sus dos partes, una «lenta, en re menor» y otra «allegro, en re mayor», anticipa ya la caracterización de los dos personajes principales, Julia y Licinio; el dúo entre Licinio y Cinna; el monólogo y la plegaria de Julia en el segundo acto, y la marcha al suplicio en el tercer acto. Una ópera homónima fue también escrita por Saverio Mercadante (1795-1870), estrenada en 1841.

L. Fuá

Si la base y la verdadera sustancia de Spontini eran el vacío y la nada, si la forma musical que sobre ello se manifestaba era estúpida y pedantesca, esta obra, dentro de semejante restricción, valía al fin y al cabo como confesión sincera y clara de lo que es posible realizar en tal género de arte, sin conducir su artificiosidad hasta la demen­cia. (Wagner)