La Reina María Antonieta, Pierre de Nolhac

 [La Reine Marie-Antoinette]. Obra histórica del francés Pierre de Nolhac (1859-1936), pu­blicada en 1890. Siguiendo en su temática a María Antonieta, delfina [Marie-Antoinette dauphine], aparecida en 1898, encierra en un amplio medallón de «Estudios sobre la corte francesa» las largas investigaciones hechas por el conservador de los monumen­tos de Versalles sobre la vida noble y fas­tuosa de sus habitantes.

Después de las mu­chas calumnias de que fue víctima, inspiradas sobre todo por los excesos que engendró la pasión por la libertad, la austríaca «mere­ce ser reivindicada en lo que tenía de más genuino e impenetrable: el carácter verda­deramente real». Los escándalos en que su nombre se mezcló incautamente (entre los cuales el «asunto del collar» con el carde­nal De Rohan, que está reconstruido sobre nuevos documentos que demuestran la ino­cencia, pero también la testarudez, de la reina) no han de hacer creer en la culpa­bilidad de la vida de María Antonieta, co­queta y libre en sus juicios y en sus accio­nes, pero honrada, pese a todas las apa­riencias, en sus deberes de esposa y ma­dre. La misma relación (quizá su pasión más sincera) con el bello Fersen puede ser valorada en su sentido idílico, y, si no en la inocencia de su corazón, al menos hay que pensar en un amor detenido en los lí­mites de la honestidad.

Reina ruinosa para la monarquía, pero que hizo brillar por última vez con toda su gloria, en la exal­tación del fausto y del lujo, los palacios de Versalles. Habitaciones y salones, festines y recepciones, nacimiento del Delfín e ínti­ma vida familiar, están vistos en un marco delicioso que hace de María Antonieta una criatura fatal con sus sueños de grandeza y de delicadeza. El error de la despreocupada hija de María Teresa fue el de no apreciar las fuerzas del siglo y continuar por un camino que sólo podía tolerarse a una Montespan o una Pompadour — es decir, a fa­voritas y no a reinas — ante la grave crisis de un reino y de una civilización.

C. Cordié