La Quimera, Emilia Pardo Bazán

Novela de la escritora española Emilia Pardo Bazán (1851-1921). Esta obra (publicada en 1905) constituye un símbolo de la necesidad del ensueño en la vida.

Aparte ese simbolismo, la novela es un perfecto estudio psicológico del ar­tista. No sólo de Silvio Lago, protagonista de La Quimera, sino de todos los artistas que fueron y serán. Doña Emilia analiza y estudia el espíritu del artista; y con una precisión científica dentro de una envoltura admirable, señala al lector cuáles son las vicisitudes de un alma consumida por el afán de eternización a través del arte. Silvio Lago es un muchacho modesto que consigue situarse en un medio social superior; gra­cias a la ayuda generosa de una mujer, Minnia, la compositora, entra en el gran mundo para pintar los retratos de las ele­gantes damas que buscan en ellos mayor belleza y, acaso, en el pintor, un juguete que parezca aventura. Tres mujeres se cruzan en el camino del pintor: Minnia; la mujer sencillamente enamorada de él, Clara; y la mujer atormentada y atormentadora, Espina, que es la que más le impresiona.

Pero a ninguna de aquellas tres mujeres, ni a la gitana joven que le ama salvaje­mente, ni a las viejas señoras que condes­cienden a darle su benevolente amistad, se entrega Silvio. A Silvio, que ya ha triun­fado con sus convencionales retratos en el gran mundo, no se le oculta que aquello no vale nada, que la verdad de su poder creador está por adivinar, que es preciso trabajar a fondo, y en otras condiciones, para conocerse a sí mismo y dar la verda­dera propia obra. Pero la fuerza material de la vida, la urgente necesidad diaria (complicada por sus dotes de despilfarro), le obliga a hacer esos aborrecidos retratos que le permiten subsistir económicamente, aplazando, Dios sabe hasta qué día, la reali­zación de su obra auténtica. Sin embargo, aun sabiendo la verdad de su mundo, Silvio no sabe, o no quiere, resolver a favor de su quimera. Y la vida, breve y delicada, se le consume en desventuras que acaban con ella.

Muere, compasivamente atendido por sus primeras bienhechoras, Minnia y su madre, en pleno delirio de fracaso. La no­vela, de indiscutible mérito narrativo, es, además, un tratado de crítica autorizada sobre pintura. Los ojos de Silvio van viendo museos españoles y extranjeros, y su alma reaccionando en voz alta. Una revisión del arte contemporáneo es expuesta sosegada­mente en las páginas de La Quimera, y pa­recen de hoy las impresiones que nos da de Velázquez, Goya, Rembrandt, Memling, etc. La preparación cultural de doña Emilia, sus dotes analíticas, su amplia visión del mundo y de sus problemas, se aprecian en la novela que citamos. La alta sociedad española, tan conocida por propia, es descrita por la auto­ra con rasgos certeros. La riqueza de len­guaje, de ideas, el interés, la vivisección del artista fracasado, son ejemplares.

C. Conde