Endimión

La mitología griega nos ha transmitido varias versiones de la fábula que narra las vicisitudes del bellísimo pas­tor Endimión amado de las diosas.

No se inspiran pues, en una leyenda sola_ las muchas obras literarias que llevan el titulo Endimión, sino más bien en una figura que llega a ser el símbolo de la pura belleza o del amor. El Renacimiento sintió una espe­cial predilección por el mito pagano de En­dimión y lo trató en varias obras; la prime­ra es el cancionero amoroso y político Endi­mión que el catalán italianizado Benedetto Gareth, más conocido con el nombre aca­démico de Cariteo (14509-1514), publicó en 1506 y volvió a publicar, en edición defini­tiva, muy ampliado y modificado, en 1509. Son 214 sonetos, 20 canciones, 4 sextinas y 5 baladas.

Más de la mitad de estas com­posiciones cantan el amor del poeta por una noble dama la cual, según se conjetu­ró, pertenecía a las familias Chiaramonte o Montalto pero que el poeta sólo indica, no sin cierta reminiscencia de la Cintia de Propercio, con el nombre de Luna, porque, como el astro de la noche, es única, cán­dida, fría y púdica. Semejante a Endimión el mítico pastorcillo de Caria, amante de Diana, el poeta arde por ella, pero su llama es purísima, y su canto imita en general las actitudes y los motivos de la poesía petrarquesca: la crueldad de aquella mujer y el sufrimiento del amante, que va del fantaseo melancólico apaciguado con el es­pectáculo de la naturaleza, a la invocación desesperada de la muerte; sus luchas inte­riores, su consuelo en el sueño y su cruel despertar a la realidad.

A través de todo ello, más rico que en Petrarca, corre, como en Poliziano y Sannazaro, un río de poesía cálida y sensual, que desciende di­rectamente de los elegiacos latinos y espe­cialmente de Propercio. Después de doce años de este desgraciado amor, le está des­tinada al poeta la tortura de ver que su amada parte de Nápoles para España (can­ción XI). Esta separación equivale a lo que es en el cancionero de Petrarca la muerte de Laura. Más tarde su llanto se aplaca, y cuando, después de muchos años, vuelve Luna a Nápoles, en el corazón del poeta lejano, la llama amorosa no da ya más que algún débil resplandor. Como cantor polí­tico, en la corte de los aragoneses de Ná­poles, Cariteo se halla en situación privi­legiada, pues, español de nacimiento, sien­te los faustos acontecimientos de aquella casa más sinceramente que las demás mu­sas cortesanas.

Algún acento feliz y cierto esplendor épico en la forma encontramos en la canción «Aragonia» (VI) tejida toda de reminiscencias platónicas y virgilianas, en las que el poeta imagina que Dios, lleno de amor por su dilecta Italia, le envía del cielo, encarnado en los aragoneses y en sus más ilustres cortesanos, un grupo de espíritus elegidos. En otro lugar (can­ción XVII) recordando la canción petrar­quesca a Italia, se dirige a Ludovico el Moro y a los demás señores italianos vaci­lantes, para que se unan con España con­tra Carlos VIII que está a punto de bajar por los Alpes. Sobre todo, celebra con afec­tuosas alabanzas a su señor, Ferrandino cuya muerte precoz, añadida al dolor por la ausencia de su amada, lo sumerge en un «mar de lágrimas» (soneto CLIV).

Hay, en fin, unos cincuenta sonetos suyos más propiamente históricos, que constituyen como una galería de retratos de hombres y mujeres ilustres en la historia contempo­ránea del reino de Nápoles. El rico cancio­nero de Cariteo, si no puede reivindicar grandes méritos de originalidad, no carece, sin embargo, especialmente en su parte amorosa, de algún arranque feliz y eficaces descripciones en que el paisaje napolitano, los espectáculos de la naturaleza, de la marina y de los vientos están penetrados de una melancólica y voluptuosa dulzura. Sobre todo conviene notar la pureza de su lengua y la limpidez de su estilo, por lo que Cariteo es contado entre los que afir­maron con su ejemplo la nobleza de la len­gua vulgar contra el desprecio de ella por los humanistas.

E. Ceva Valla

*      Hacia fines del siglo se publicó en In­glaterra Endimión, el hombre en la luna \Endimion, the Mann in the Moon], drama alegórico en cinco actos y en prosa de John Lyly (15549-1606), representado probable­mente en 1588, y publicado en 1591. Endi­mión abandona a Tellus (la Tierra) ena­morado desesperadamente de Cintia (la Luna).

Tellus consigue que la hechicera Dipsas envuelva a Endimión en un sueño de cuarenta años. Cintia rompe el encanto, y libera a Endimión con un beso y le res­tituye la juventud y permite que continúe cortejándola. La trama es débil, la alegoría se supone que puede referirse a la rivali­dad entre la reina Isabel (Cintia) y María Estuardo (Tellus) y al afecto de aquella reina, interrumpido por un desdén pasa­jero, por el conde de Leicester (Endimión); hay además en la obra dos alegorías subor­dinadas en la disensión entre Dipsas y su consorte Gerón (el conde y la condesa de Shrewsbury) y las relaciones de Euménides (tal vez sir Philips Sidney) con Semela (tal vez Lady Rich). Pero, como también se ha notado, si verdaderamente Lyly hu­biese puesto en su drama todas las inten­ciones que ven los intérpretes, hubiera arruinado su carrera en la corte. La escena en que Euménides, amigo de Endimión, llega a Tesalia en busca del hechizo que ha de despertar al durmiente figura entre las más románticas del teatro isabelino. La atmósfera cortesana o pastoral del drama se inspira evidentemente en modelos ita­lianos.

M. Praz

*     Un poema narrativo Endimión fue es­crito en 1627 por el poeta español Marcelo Díaz Callecerrada (siglo XVII). Consta de tres cantos en octavas. Venus, ofendida por la Luna, incita a Amor a enamorar a la fría diosa, la cual se inflama por Endimión y para conseguir sus fines lo duerme y le hace soñar los campos Bayas y de Cumas. Este Endimión, tiene la elegancia formal y el gusto de los poemas italianos contempo­ráneos suyos.

*     La Arcadia italiana no podía ignorar las posibilidades de drama pastoral que ofrecía este mito; por ejemplo, una opere­ta: Endimión fábula dramática en cinco brevísimos actos, fue compuesta por Ale­jandro Guidi (1650-1712) que está conocido en la «Arcadia» por Erilo Cleoneo. Los per­sonajes de esta fábula son Amor, Cintia y Endimión, un coro de pastores y un coro de Ninfas. Cintia es herida por el Amor que quiere probar su poder sobre una diosa tan desdeñosa y rehacía, y ella se enamora de un joven y humilde pastor, Endimión. También Endimión es arrebatado por la dulce llama y casi no se atreve a descubrir su pasión que las amenazas de la diosa no apagan sino que enardecen. Hasta que Cintia cede, vencida en aparien­cia por los ruegos de él, pero en realidad por el propio deseo de su corazón.

En esta fábula falta la acción: solamente Amor en el primer acto narra a Cintia, para ponerla a prueba, que Endimión ha sido herido mor­talmente por el dardo de una ninfa, y re­pite así una situación del Aminta de Tasso. Para conclusión de la fábula Endimión es ascendido al cielo por Amor, lejos de los vanos afectos y de los cuidados mortales. Sobre esta fábula Gian Vicenzo Gravina es­cribió un discurso elogiando la variedad y la libertad de sus metros. La fábula con­tiene escasísimas cualidades teatrales, y se nota en ella la hinchazón lírica propia de Guidi.

E. Allodoli

*   Una de las primeras obras de Pietro Metastasio (182-1782) es la acción teatral Endimión escrita en 1720; como los demás trabajos de sus años juveniles, también éste preludió, en su forma y en la musica­lidad del verso el futuro melodrama. Fue musicado varias veces.

*    Directamente derivado de la fábula an­tigua es también el poema narrativo en cuatro libros Endimión (Endymion) de John Keats (1795-1821), publicado en 1818. El poeta desarrolla y enriquece la leyenda e in­troduce en ella, en forma de visiones, otras historias de la mitología clásica. El pastor Endimión ve en sueños la Belleza Perfecta y apenas despierta, parte en busca de la que se le ha aparecido. Después de un largo peregrinaje, durante el cual es engañado por otras visiones que permiten a Keats intro­ducir en el poema las leyendas de Venus (v.), y Adonis (v.) de Aretusa, de Glauco (v.) y Escila, Endimión reconoce finalmen­te en la diosa Luna la aparición de su sue­ño y se une a ella en la vida eterna.

Endi­mión es el primer poema publicado por Keats quien en él a pesar de las inevita­bles inseguridades debidas a la inexperien­cia, muestra de modo declarado la riqueza de su imaginación, su a veces intemperante fantasía verbal (nutrida sobre todo por los elisabetianos) que se resuelve además en perjuicio del efecto general de la compo­sición aunque sus concepciones poéticas estén ya fundadas en la tendencia a incor­porar en ellas una significación espiritual alegórica. En algunos episodios particulares el arte de Keats llega ya casi al nivel de sus momentos mejores, pero la riqueza de imágenes, la lujuriante multiplicación de pormenores, el desbordamiento de las sen­saciones unas sobre otras, sobrecargan el poema, debilitan su estructura general, dis­traen la atención del lector de la visión de conjunto aun dejando prever que el don poético y el generoso temperamento de Keats, sostenidos por un más vigilado sentido de la proporción, le llevarán a crea apenas tres años más tarde, sus mejores poesías. Es famoso el primer verso: «A thing of beauty is a joy for ever» («Una cosa bella es una alegría para siempre»). Es célebre el himno a Pan, contenido en el primer libro del poemita. En el significado alegórico de la obra se resume todo el pensamiento filosófico de Keats, quien se propuso representar aquí la aspiración del alma humana a la belleza perfecta. Este concepto será después vuelto a tomar por el poeta en otros poemita suyos (cfr. Hiperión, Lamia), y en la mayor parte de sus Odas. [Traducción fragmentaria de Mariano Manent en “Románticos y victorianos”, Barcelona, 1945]

*    Obras musicales inspiradas en el mito de Endimión y así tituladas fueron compuestas entre otros por Reinhard Keiser (1674-1739), Hamburgo, 1701. Pusieron música al texto de Metastasio: Antonio Bioni (1698?), Breslau, 1727; Andrea Bernasconi (1705-1784), Venecia, 1742; Nicola Jommelli (1714-1774), Génova, 1756; Giusepe Sigismondi (1739-1836), Viena 1765; y otros. Operas con el título de Endimión escribieron también: Franz Joseph Haydn (1732-1809), Viena, 1770 y Manuel García (1775-1832); siguieron las oberturas Endymion de Xavier Henry Lerroyx (1863-1919) y Ernest Kroiger (n. 1862) y finalmente el poema mitológico Endymión de Albert Cahen (1846-1903). Algunas óperas se titulan Diana y Endimión; recordemos la de Claudio Monteverdi (1657-1693): Amori di Diana e di Endimione; la ópera pastoral Diana y Endimión de Anne Danican Philidor (1681-1728), 1698; la ópera Endymion de George Gaspar Schürmann (1672-1751), 1700, de Alessandro Scarlatti (1660-1725), de Giovan Battista Pescetti (1704-1766), y de Nicolás Piccinni (1728-1800), representada en París en 1784 sin éxito.

*     En las artes plásticas además de las nu­merosas pinturas y bajorrelieves antiguos son notables las telas de Tintoretto, de Guercino (Uffizi) y de Soubleyras; más co­nocidos son el cuadro de Girodet con el título Le sommeil d’Endymion en el Louvre, y la estatua de Canova.