El Viaje del Peregrino Desde Este Mundo al Futuro, John Bunyan

[The Pilgrim’s Progress from this World to that which is to come]. Obra alegórica escrita en prosa por el inglés John Bunyan (1628-1683). La pri­mera parte fue publicada en 1678; la se­gunda, en 1684. Cristiano, habitante de la Ciudad de la Perdición, es exhortado por el Evangelista y estimulado por la conciencia de sus pecados, materializados en un gran peso sobre su espalda, para que emprenda un viaje hacia la Ciudad Celeste.

Primera­mente atraviesa el Pantano de la Desespe­ración, bajo los rayos del Monte Sinaí; des­pués pasa ante la Casa del Intérprete, ante cuyas puertas hay una guardia armada y por cuyas almenas pasean personas vesti­das de oro. Admira la magnífica fachada de la Casa Bella, supera la colina de la Difi­cultad y el profundo y verde Valle de la Humillación, rico en hierbas y rebaños. El camino se estrecha y queda obstruido por el terrible demonio Apollyon, con el que Cristiano combate valientemente; después avanza por el terrible Valle de la Sombra de la Muerte; a ambos lados del camino los abismos se hacen cada vez más profun­dos, y Cristiano se encuentra envuelto en terribles tinieblas. Se oyen lamentos y gri­tos, ruidos de innumerables pisadas, soni­dos de cadenas arrastradas. Apenas se distingue el camino a causa de la oscuridad cuando pasa Cristiano junto a un pozo del que salen altísimas llamas y sofocante humo, y en el que se agitan horribles fan­tasmas. Avanza más entre trampas y cuerpos mutilados, hasta que llega a la Gruta de los Gigantes, llena de los huesos de los infelices muertos por los terribles monstruos. Siguien­do hacia delante, Cristiano ve aparecer las altas torres de una ciudad, la Feria de las Vanidades: entre una multitud alborotada, barracas de prestidigitadores, monos, titiri­teros; cada nación (Italia, Francia, Espa­ña. Inglaterra) tiene su calle propia, con vendedores, compradores y ociosos.

Cristiano resiste las innumerables tentaciones de la misma manera que ha evitado los peli­gros y, después de pasar un tiempo en la prisión, llega a un lugar fresco y sombreado, rico en flores y frutos. A la izquierda deja un horrible castillo con patios enlosados con cráneos humanos, y se dirige hacia la de­recha, en donde se encuentran los espléndidos jardines de las Montañas Deliciosas. El camino continúa entre las tinieblas y las zarzas del Terreno Encantado, pero a lo lejos se divisan las torres de la Jerusalén Celeste, la ciudad de la salvación y la feli­cidad, última meta de Cristiano. La segunda parte, que Bunyan escribió animado por el éxito de la primera, narra cómo la esposa y los hijos de Cristiano, guiados por el ani­moso Gran Corazón, emprenden el mismo camino y pasan por las mismas aventuras; pero en frescura de inspiración es muy inferior a la primera. Bunyan, puritano fer­viente y apasionado^ ha descrito la historia de un espíritu y de las luchas sostenidas por la fe, por cuya causa fue encarcelado dos veces. Profundamente religioso, trans­formó la fría alegoría en un cuadro de vida real con escenas y caracteres sacados de su experiencia y de las costumbres de la época.

Los personajes como Dócil (Pliable) y Fiel (Faithful) no son abstracciones, sino figu­ras reales cuyos sucesos interesan viva­mente- En esta vasta obra lo sublime roza con lo grotesco y lo humorístico, y lo sen­timental con lo terrible. El estilo es sen­cillo, casi un mosaico de citas bíblicas (la Biblia es uno de los pocos libros conocidos por Bunyan) de tal manera incorporadas que no se distinguen del texto. La lengua es un modelo de pureza; los términos del lé­xico proceden por lo general de los primi­tivos elementos germánicos, y a través de extensas páginas no se encuentran más que vocablos monosílabos o, a lo sumo, de dos sílabas. Macaulay dice: «La característica peculiar del Viaje del Peregrino estriba en el hecho de que es la única obra de este género que posee un profundo interés hu­mano. Otras alegorías sirven sólo para dis­traer la fantasía; la alegoría de Bunyan ha conmovido hasta las lágrimas a millares de lectores». Y todavía hoy, en los más modes­tos hogares del pueblo inglés, su lugar está entre la Biblia y el almanaque. [Hay varias traducciones anónimas: Londres, 1865; Ma­drid, 1877 y 19271.

G. Lupi

La imaginación, poderosa como la de un artista y más violenta aún, actúa en Bunyan sin el concurso de la voluntad. Lo abruma con una serie de visiones que jamás ha que­rido, ni siquiera previsto. En Bunyan puede decirse que vive otro ser que sé adueña del primero: un elemento grandioso y terrible se manifiesta mediante principios descono­cidos, con brillantes visiones, y multipli­ca o anula su¿ facultades intelectuales, que humilla o exalta su espíritu, le inunda del sudor de la angustia, le rapta en transpor­tes de alegría y le inculca la idea de la presencia de la acción de un ser superior a él y distinto a él. (Taine)