El Pobre Enrique , Longfellow

Longfellow (1807-1882) sacó de este poe­mita, impreso por primera vez por los her­manos Grimm, en 1815, el drama La leyen­da áurea (v. Christus). Gerhart Hauptmann (1862-1946) utilizó también esa leyenda en un poema dramático suyo de igual nombre [Der arme Heinrich. Eine deutsche Sage, 1902], obra de transición entre el natura­lismo y el simbolismo, propia de aquel pe­ríodo comenzado con Elga (v.) en 1896.

Hauptmann no reduce aquí el sacrificio de la muchacha a un sencillo acto de amor hu­mano, sino que muestra, con más ingeniosa modernidad de análisis, la superposición del sentimiento religioso sobre el humano, el cual triunfa, al fin, en las bodas felices. Con todo, la consistencia original de la leyenda no ha quedado cambiada. La ento­nación de la obra es solemne, digna: los personajes no actúan de símbolos, sino que hablan y obran con la sencilla humanidad de la vida cotidiana. El realismo, a veces rudo, al cual el poeta se atiene, consigue esclarecer el móvil psicológico de la obra sin turbar su fantástica belleza. Pero se advierte claramente cómo Hauptmann sien­te faltarle bajo sus pies el firme terreno naturalista de sus comienzos, no posee ya una sólida concepción del mundo, e intenta adaptarse al espíritu de los tiempos nuevos oscilando entre simbolismo y naturalismo.

O. S. ResneVich