El Espejo de Verdadera Penitencia, Jacopo Passavanti

[Lo specchio di vera penitenza]. Tra­tado ascético del fraile dominico, publicado por vez primera en Florencia en 1495. Está en len­gua vulgar, pero el autor escribió también una redacción en latín, perdida y quizás anterior, que estaba dirigida a los «cléri­gos» y quería ser un manual para predica­dores.

En su Espejo Passavanti «ordenó un poco» los temas de sus sermones dirigidos a los florentinos entre 1350 y 1354, y de un modo particular los de la cuaresma de 1354, todos relativos a las «cosas de la verdade­ra penitencia», que es, según la definición de San Ambrosio, el arrepentimiento de los pecados cometidos y el firme propósito de abstenerse en toda ocasión de cometer otros. El tratado está dividido en cinco secciones o «distinciones», en las que se desarrollan los siguientes temas: qué es la verdadera penitencia (I); por qué motivos el hombre ha de hacerla, y qué es lo que le aleja de ella (II, III); la contrición (IV); la confesión de los pecados (V). El des­arrollo es vigoroso y a menudo sutil, apo­yado por numerosas citas de los grandes escritores cristianos, del Evangelio y de la Biblia; pero también es la parte más alejada del gusto moderno.

Vivos, en cam­bio, siguieron siendo los «ejemplos» o anéc­dotas edificantes que Passavanti, siguiendo el ejemplo de los tratadistas ascéticos, puso en su Espejo, como demostración de los preceptos, y que son una traducción a la esfera de la imaginación, del espíritu se­veramente ascético del libro. Son, en su mayor parte, historias sombrías y pavoro­sas que el autor destaca con gran plasti­cidad y remata con un «crescendo» muy eficaz. La idea fundamental de los cuentos es siempre muy sencilla: el bien es premia­do, el pecador puede arrepentirse y salvarse, pero el pecador empedernido acaba precipitándose al abismo. Para ilustrar la terrible sanción que acompaña al pecado, Passavanti recompone con inusitado vigor los motivos que le ofrecían las leyendas y la fantasía cristianas: el mundo humano, tan lleno y vigoroso en el Decamerón (v.), vuelve a ser una larva amedrentada, que­dando totalmente borrada la línea de se­paración entre éste y el otro mundo.

Un valiente caballero inglés lleva una vida li­cenciosa, y he aquí que al morir «llegan dos negros demonios» que luchan contra dos ángeles venidos para llevarse el alma del caballero, quien muere gritando que los diablos le están cortando los ojos y el corazón. El conde de Matiscona, «hombre mundano y gran pecador», es alcanzado por un misterioso jinete que delante de toda la ciudad, en pleno día, le arrebata y se lo lleva por los aires, hundiéndole luego en el infierno. El filósofo Lo se le aparece una noche a uno de sus discípulos, también dado a. la ciencia profana, y sacudiendo de su mano una gota de sudor perfora de parte a parte la mano de su discípulo que, horrorizado, abandona la ciencia y el mun­do.

De efecto fantástico es el cuento del carbonero de Niversa, que una noche es­taba sentado vigilando una fosa llena de leña encendida cuando, a las doce en pun­to, ve precipitarse hacia la fosa a una mujer desnuda y desgreñada perseguida por un jinete. Éste alcanza a la mujer y le hunde una navaja en el blanco seno y arroja su cuerpo al fuego; después vuelve a cogerlo y desaparece en la noche; la mujer es doña Beatrice, esposa de Berlinghieri, que por un amor deshonesto ha­bía matado a su marido. Los cuentos de Passavanti, por los rasgos firmes, lúcidos e incisivos de su técnica, que confieren un su­gestivo relieve de naturalidad a una materia tan íntimamente fantástica, constituyen una de las más notables manifestaciones artísticas de la prosa italiana del siglo XIV.

D. Mattalia

Intrincado y monótono en el discurso, su estilo es rápido, fluido y pintoresco en la narración. Se diría que experimenta cierta voluptuosidad, asustando y atormentando el alma; va buscando imágenes y colores como instrumentos de tortura, y deja al lector turbado y cercado de fantasmas. El período a menudo bien construido, suel­to y libre, el cuidado de los versos y pasa­jes, la distribución de los accesorios y de los colores, la inteligencia de los matices, un sombrío sentimiento de armonía que acompaña el espectáculo, hacen de Passa­vanti el artista de este mundo ascético. (De Sanctis)

…fue ciertamente escritor que conocía los secretos del arte, violento y robusto en su estilo doctrinario, vivo y plástico en los cuentos con los que daba eficacia a sus enseñanzas y amonestaciones. (B. Croce)

Arte meditabundo y encantado. (F. Flora)