El Esclavo del Demonio, Antonio Mira de Amescua

Comedia dramática del poeta español publicada en 1612. Dramatiza brevemente una leyenda portu­guesa, la de fray Gil o Egidio de Santarem, quien, para apoderarse de los secre­tos de la magia, firma como Teófilo (v.) un pacto con el Diablo (v.), hasta que, gracias a una visión celestial, se arrepiente y, con ayuda de la Virgen, obtiene el rescate de su alma. Como fuente directa de este drama se indica la Historia gene­ral de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores (1584), de Fray Hernando del Castillo; pero de esta leyenda el dra­maturgo ha tomado solamente el punto de partida central, españolizando completa­mente el argumento, y dando a las perso­nas y a los acontecimientos el máximo re­lieve humano y psicológico.

La joven y apasionada Lisarda, hija del noble don Marcelo, ha jurado amor a don Diego de Meneses, y cuando su padre le anuncia que el rey don Sancho ha pedido su mano, ella le confiesa su amor por don Diego, y le escribe a su amado diciéndole que está dispuesta a huir con él. Don Diego se dis­pone a raptar a la joven, pero don Gil, canónigo de la catedral, y que tiene fama de santo, consigue con sus consejos y amo­nestaciones evitar el rapto. Pero, tentado por el demonio, don Gil reniega de la vida morigerada que había llevado hasta enton­ces, sube por la escalera preparada para el rapto, abusa de la joven y, haciéndole creer que le envía don Diego para burlarse de ella y de su padre, la induce a seguirlo. Lisarda, desesperada, acepta, y los dos pecadores se entregan a una vida de bandidaje.

El diablo, que no se contenta con este primer pecado, despierta en el pecho de don Gil una loca pasión por Leo­nora, hermana de Lisarda, y le induce a firmar un pacto por el cual se compromete, a cambio de la pecaminosa satisfacción, a entregar su alma. Don Diego de Meneses, cree que el padre de Lisarda la tiene es­condida, en tanto que el padre juzga que su hija está en poder de don Diego. Éste es apresado por don Gil, que se niega a escuchar sus generosos consejos para que abandone la mala vida a que se ha entre­gado. Lisarda, que se considera cruelmente ofendida por su antiguo novio, cree que ha llegado el momento de vengarse e in­tenta matarle con un arma de fuego. Pero el arma no dispara, y la joven, conside­rando la circunstancia como advertencia del Cielo, se arrepiente de su vida pasada; entrega todo cuanto posee a una víctima de don Gil, y después se da como esclava a un villano prisionero de éste, siendo vendida como tal a su propio padre que la suponía asesinada por don Diego.

Don Gil, dominado por su pasión, sólo pide al diablo que le entregue a Leonora, pero éste se ve incapaz de doblegar la voluntad de la joven y, en lugar de la mujer de­seada, le entrega un crujiente esqueleto. Don Gil comprende entonces la vanidad de los amores terrenos y pide al diablo la res­titución del pacto, deseo que logra gracias a la ayuda de su ángel custodio, quien arranca al diablo el pacto que firmó. Don Gil reconoce entonces sus culpas y, mien­tras Leonora se casa con don Sancho, se prepara, con una vida de duras peniten­cias, a la redención y la santidad. La co­media transcurre en una atmósfera pasio­nal de sombríos contrastes, dando lírico relieve, con exuberancia de estilo, a la fi­gura del protagonista: un alma que el autor capta en sus momentos culminantes de lucha y abandono, hasta que vuelve a ganar, por su virtud interior, los cielos de la purificación y la gracia. Como El má­gico prodigioso (v.) de Calderón, del cual puede considerarse fuente ideológica.

El esclavo del demonio sugiere analogías con el mito germánico de Fausto (v.); pero Fray Gil es un Fausto «a lo divino» que, como dice Valbuena Prat, «no está can­sado de ciencia sino de ascetismo, de devo­ción y de teología», y que se arroja al pecado con la furia de un alma que ha perdido la luz de la fe y la esperanza en su salvación. A pesar de la intensidad del drama, la tentativa de Mira de Amescua se nos muestra demasiado truculenta y ac­cidental para que podamos colocarla, ni aun considerándola como inferior, en el mismo nivel de la obra maestra de Goethe.

A. R. Ferrarin

Gran imaginador de argumentos que otros aprovecharon luego, eximio versifica­dor, y a veces poeta de tan enérgica ins­piración como lo acredita el Esclavo del demonio, hermano menor de El condenado por desconfiado. (Menéndez Pelayo)

** Una imitación o, mejor dicho, un calco del Esclavo, es la comedia Caer para le­vantar o San Gil de Portugal, escrita en colaboración por Matos Fragoso, Cáncer y Moreto y compuesta en 1657.