Cartas de Mme. Du Deffand

[Lettres]. Fueron publicadas durante la primera mitad del siglo XVIII (París, 1809; Londres, 1810; París, 1859), tres colecciones de correspon­dencia de Marie de Chamrond de Vichy, marquesa du Deffand (1697-1780), que pre­senció los últimos destellos del reinado de Luis XIV, vivió en la sociedad elegante y corrompida de la Regencia, y presintió la Revolución. La primera de estas colecciones contiene la correspondencia con D’Alembert, con Voltaire, con el presidente Hérault y otros enciclopedistas, pero contiene más car­tas dirigidas a ella, que no escritas por ella; la segunda colección contiene su correspondencia con la duquesa de Choiseul, y la tercera las cartas a Horacio Walpole. La importancia de esta correspondencia es his­tórica y psicológica al mismo tiempo; nos revela la sociedad francesa de la época y el alma singular e inquieta de su autora, una de las inteligencias femeninas más origina­les; sensible y escéptica, cálida y fría a la vez, deseosa de afectos y desconsolada por su incapacidad de sentimiento, a lo menos hasta su encuentro con Horace Walpole, veinte años más joven que ella, por quien experimentó finalmente profunda amistad amorosa, cuando lo conoció ya ciega y se­sentona. Sus cartas al escritor inglés casi llenan cerca de quince años de correspon­dencia (1765-1780); y la amable ternura, comprensión y lucidez mental de Madame Du Deffand, que lograron vencer la anti­patía que Walpole sintió primero por ella, y transformar en solícito y devoto afecto su amistad intelectual, eximen de toda ridicu­lez esta singular y vivida novela epistolar. Además, su conocimiento perfecto de la len­gua, la cristalina limpidez de su expresión, que se adapta perfectamente al pensamien­to, colocaron a Mme. Du Deffand entre los clásicos franceses.

B. Treves

…Madame Du Deffand, eleva el ideal clá­sico a su punto extremo. No necesita apun­tar dos veces y da siempre en el blanco. Su habilidad es tal que a veces parece superar a los románticos en su propio terreno; sus reticencias producen todavía una impresión más profunda que si pusiera todos los pun­tos sobre las íes. (Strachey)