Canciones, Federico García Lorca

Obra del genial poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (1899-1936). Corresponden a dos fechas: en 1936 publicó las llamadas Primeras (datan de 1922) y antes, en 1927, había dado a la estampa sus Canciones (1921-1924). Sin duda estos libritos señalan un claro progreso en la obra lírica del poeta, pero sin que se pueda hablar todavía de un total desasimien­to de los modos anteriores. Si hubiera que resumir en una palabra el contenido del libro, acaso recuerdo fuera la voz escogi­da. Porque éstos son, en parte, poemas car­gados de experiencias infantiles o recrea­ciones sobre temas viejos. Pero, como tantas veces, el recuerdo va acompañado de nos­talgia: hacia el tiempo pasado («Tío-vivo», «Las gentes iban…») y hacia el tiempo pre­sente, medido con la aguja de las edades pretéritas («Canción con movimiento»). La pretensión poética de estos poemas se con­densa en un feliz octosílabo: «el canto quie­re ser luz». Y para serlo, recuerdos, nos­talgias, voces del pueblo o andaduras de la tradición, se depuran hasta dejar un nódulo refulgente («Cazador», «Cortaron tres ár­boles») que en su concreción limite los poemas a simples esquemas de lirismo o de tragedia. Por eso muchos de estos versos no son otra cosa que repeticiones de un hallazgo, desdoblamiento de un refrán, o emoción lírica de un final truncado. En todo caso la originalidad de Lorca está en el modo de crear y en la manera de recrear. Entre la «Canción de jinete (1860)» y cual­quiera de los Romances del 800 de Villalón hay ya todo un mundo de distancia: no cabe visión más distinta de Andalucía que la de estos dos andaluces. La tragedia acompaña a Lorca ya cuando canta a «Córdoba, lejana y sola», porque el agua de su Granada le ha traído (1923) corrientes de tragedia, ya en los «Nocturnos de la ven­tana», y sombras de muerte, en «Arbolé, Arbolé…». Toda esta heterogénea mezcla de temas, reavivada a cada paso por la vita­lidad del poeta, infatigable conversador con los seres y las cosas, como en aquel dra­ma, lleno de emoción y de ternura, de la «Canción del naranjo seco».

M. Alvar