Canciones de Góngora

Composiciones del poeta español Luis de Góngora y Argote (1561-1627) en las que dominan los temas sacros, amorosos, fúnebres, heroicos y satíricos. Fueron compuestas por el poe­ta entre 1580 y 1621, mostrándose en todas ellas gran conocedor de las letras italianas y dentro de la tradición literaria de Petrar­ca y de Garcilaso de la Vega en los temas líricos amorosos y en la línea poética de la poesía española del segundo Renacimiento en sus canciones de tema heroico. En la más temprana de todas ellas, «De Los Lusiadas de Luis de Camoes que tradujo Luis de Tapia, natural de Sevilla», encontramos ya muchos de los rasgos estilísticos del Góngora posterior. Sus versos esdrújulos, la introducción de latinismos y los recuerdos eruditos anuncian el mundo de las Soleda­des (v.). En la «De la Toma de Larache» surgen los más característicos versos gongorinos por su adjetivación, colorido y sonori­dad pese a un mantenido tono que recuerda la vena heroica del poeta español Fernando de Herrera. A través de sus canciones heroi­cas se sorprende la intensificación paulati­na de los elementos culteranos y así en la «Canción de la Armada que fue a Inglate­rra» el prof. Orozco Díaz ha señalado como chocamos con una «visión hiperbólica de los elementos de la Naturaleza, animados como seres vivos, que se repite y extrema en el Polifemo».

En su canción fúnebre «En el Sepulcro de Garci-Lasso de la Vega» Gón­gora se une al coro de poetas —Sá de Mi­randa y Herrera entre otros — que cantan al príncipe de los poetas castellanos de­jando así constancia de su entronque garcilasiano. En sus canciones amorosas el gran conocedor de los autores latinos, de las letras italianas y de la poesía española del Renacimiento, funde en sus versos los elementos clásicos de las ninfas, las divini­dades mitológicas y otros elementos tópicos de la poesía amoroso-pastoril con la gracia ligera de un mundo alado de tortolillas y cabellos al viento, tímidas corcillas y la planta voladora de una Clori cruel que cruza entre nuevos tópicos de ausencias, desdenes, desvíos o celos; poesía amorosa con todo el sabor arcaizante del coturno de oro y arcos con saetas sobre un paisaje que hace pensar en los vergeles de amor de la tradición literaria peninsular.

A. Gallego Morell