Blas Gil, José Manuel Marroquín

Novela del escritor colombia­no José Manuel Marroquín (1827-1908), pu­blicada en Bogotá en 1896, que narra, en forma autobiográfica, las venturas y des­venturas de un provinciano de humilde ori­gen, a quien la vida ha adoctrinado pre­cozmente en el arte de lograr todo cuanto ambiciona con sólo poner en juego los recursos de su astucia, sacrificando a ellos los más nobles sentimientos humanos. Des­de el día en que inicia sus estudios en el Seminario Conciliar de Bogotá hasta aquel en que corona su carrera de abogado, la vida de Blas Gil fue una serie eslabonada de picardías ingeniosamente concebidas y há­bilmente enderezadas a ganar cursos sin necesidad de estudiar. Ya doctorado, des­cubre Blas Gil que la política es el único campo propicio para desplegar en él sus brillantes dotes de pícaro y alcanzar las más encumbradas posiciones con el menor esfuerzo posible. Puesto nuestro héroe en este camino, ningún sentimiento, ningún afecto, ningún escrúpulo ni dique alguno, son suficientes a detenerle en su desenfre­nada carrera en pos de honores, glorias y riquezas. La familia, la amistad, el amor, son peldaños apenas aprovechables en su tormentoso ascenso a las soñadas cimas.

Ni siquiera el mudo y purísimo amor resig­nado de una mujer incomparable — Elisa Valdés — basta a desviarlo del tortuoso ca­mino, que fatalmente habrá de conducirle al fracaso de su vida. Blas Gil se enloda en negocios- turbios y en azarosas combi­naciones políticas. Llega, en su desaten­tada audacia, hasta proponer la desmem­bración del territorio colombiano como el único medio aconsejable para solucionar la crisis fiscal que amenaza al gobierno de que él mismo forma parte. Marcha a Washing­ton en misión diplomática y con poderes para negociar ese crimen de lesa patria. Pero fracasa su gestión. Le vuelve la es­palda, entonces, la fortuna, le desprecia la opinión pública, le desconocen sus co­frades políticos y sus amigos le rehúyen. Sólo una persona, Elisa, le permanece fiel, y ella, en su callado amor, pretende salvarlo, sustrayéndolo a los peligros de la política: causa de su perdición y precio único de su rescate. Pero en Blas Gil la po­lítica es una obsesión. Y a ella, fría deidad insaciable, sacrifica él su amor, su porve­nir, su vida. Todo en esta novela — perso­najes, escenario, intriga, detalles — es autén­tico. Nada hay que sea ilógico o artificioso o contradictorio. Su estilo es límpido, fluido, castizo, y no es difícil percibir en sus pá­ginas el acento característico de la novela picaresca española.

D. Achura Valenzuela