Baladas y otras Poesías de Longfellow

[Ballads and other Poems]. Bajo este título el poeta americano Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) publicaba en 1840 el segundo volumen, que contiene dos de sus mejores obras en las baladas «El esqueleto en la armadura» [«The skeleton in the armour»] y «El naufragio del Hesperus» [«The wreck of the Hesperus»]. La primera le fue inspirada por el descubrimiento de un es­queleto encerrado en una armadura junto a Newport, algunos años antes, y al cual se dirige con trágica invocación; y el aspecto le contesta narrando su antigua vida de vi­kingo, su amor por una dulce muchachita, el odio del padre de ésta que le llevó a raptarla y a llevársela por mar en medio de la tempestad, alcanzando un felicidad que tan sólo la muerte pudo romper. La segunda narra, por el contrario, el caso de un capitán que se hace a la mar llevando consigo a su hijita y que al estallar una tormenta no quiere seguir el consejo de volver al puerto, sino que afronta orgullosamente el furor de las olas que arrolla a la nave y a sus ocupantes; y termina con la dolorosa visión de la pequeña muerta que flota sobre las aguas, en la lívida claridad del alba. La tercera balada, «La suerte de Edenhall» [«The luck of Edenhall»], es una traducción del alemán, de Uhland, y la cuarta. «El caballero elegido» [«The elected knight»], una versión del danés. El tomito contiene, además de las baladas, algu­nas de las más populares poesías de Long­fellow: «El herrero de la aldea» [«The villa- ge blacksmith» ], exaltación del sagrado tra­bajo humano no exenta de sencilla emo­ción, «El día de lluvia» [«The rainy day»], impregnado de un sentimiento optimista en la aceptación de las calamidades de la vida («tiene que haber también días obscuros y tristes»), y sobre todo la celebérrima «Excelsior» donde, con versos poco armoniosos, la aspiración humana hacia lo alto está sim­bolizada por un viajero que asciende fati­gosamente una montaña mientras el hura­cán arrecia. En las baladas, Longfellow ma­nifiesta sus mejores cualidades amalgaman­do su gusto literario por lo fantástico de tipo medieval, con el fondo moralizador siempre vivo en él y que va haciéndose cada vez más sensible en las obras siguien­tes. [Trad. parcial de Santiago Magariños, en el volumen «Áureos instantes» (Madrid, 1945)].

A. Prospero Marchesini