Bajo los Antiguos Techos, Ksaver Sandor Gjalski

[Podtarimi Krovovi]. La obra más conocida del narrador croata Ksaver Sandor Gjalski (seu­dónimo de Ljuba Babic, 1854-1935), el escri­tor más leído y popular en Croacia después de Senoa. Fue publicada en Zagreb en 1886. De una vieja familia noble del Zagorje, Gjalski es testigo de la decadencia de toda una clase de pequeños y grandes propie­tarios feudales, orgullosos defensores de privilegios desprestigiados, y que anidan en sus antaño suntuosas moradas, llamadas la­tinamente «curias», arruinadas lentamente, después que la liberación de los campesi­nos, el desarrollo de la ciudad y una nueva economía les ha privado de toda posibili­dad de vida. De su conocimiento directo y de cierta nostalgia por los viejos tiempos, mezcladas con una delicada ironía, es fruto la primera novela del ciclo, el Illustrissi- mus Battorych que, publicada en el «Viec» (1884), reveló al escritor y le dio los tipos de sus mejores relatos. Bajo los an­tiguos techos de Brezoviza, en la «curia» del imaginario vecino Battorych, a quien el autor, como joven de distinguida familia, visita frecuentemente, se reúnen los no­bles y personas notables de los alrededores: el archidiácono Erzigonsa, Djuka Paátrovic de Lomna, skender Radicevic, Laslo Kuntek, consejeros reales, jueces, prefectos re­tirados; y evocan los bellos tiempos, se narran las pasadas y presentes aventuras dolorosas, hablan de sus amigos, parientes y conocidos; discuten con severo desprecio de las costumbres y de la nueva política, de las relaciones entre Croacia y Hungría, la obra de los liberales y de los conserva­dores.

Entre tanto los campesinos, orgullo­sos de sus nuevos derechos, se han vuelto poderosos e insolentes; y no sólo impiden a Battorych que cace en sus antiguos dominios, sino que incendian su casa en el momento en que la ley promete al viejo señor una satisfacción moral. Muere Batto­rych en las ruinas de su antigua «curia»; más trágico es el final del «perillustris» Cintek, que, seducido por el partido ma­giar, despierta cada vez mayores odios, se arruina materialmente debido a una gene­rosidad innata explotada con hábiles ilusio­nes y acaba como agente fiscal del odiado gobierno. La catástrofe moral y material amenaza y envuelve, inevitablemente, a es­tos representantes de una clase ya supera­da por el desarrollo del país; pero sus ca­racteres generosos reciben en la obra de Gjalski una consagración literaria y huma­na que los hace comprensibles y queridos, quizás con irónica y benévola indiferencia, para sus adversarios, protagonistas de los nuevos tiempos. Entre Battorych y Cintek, los dos personajes que resumen el fracaso y la decadencia feudal, hay luego toda una serie de tipos y de aventuras, como la de Su Excelencia Boris, que se han hecho clá­sicas en la literatura croata. A pesar de la amplia producción literaria de Gjalski, este libro y sus héroes conservan sobre todo, como afirma unánimemente la crítica, la fama del arte de este escritor.

L. Salvini