Aurelia o El sueño y la Vida, Gérard de Nerval

[Aurélia ou Le reve et la vie]. Última obra de Gérard de Nerval (1808-1855), redactada en los lúcidos intervalos de la demencia que oscureció sus últimos años, y que apareció incompleta en 1865. En Silvia (v.), como en su narración gemela, Octavia (v. Silvia), sueño y realidad aparecían aún unidos en íntimo y armónico acuerdo. Pero ya se anunciaba también en ellas el tema funda­mental de Gérard de Nerval: aquél su per­seguir la imagen precisa de un solo amor que las mujeres reales reavivaban en él de cuando en cuando, cada vez con mayor inten­sidad, la figura de la mujer ideal, Adriana-Aurelia. En esta obra, sin embargo, «la ca­dena se ha roto»; quiere diseñar las líneas de este amor único, reencendido por muje­res diversas, que no eran más que la im­perfecta imagen de una sola mujer. Esta mujer única se le apareció una vez sobre la tierra, y fue la jovencita Adriana de la fiesta campestre evocada en Silvia; revesti­da luego con el ropaje de Aurelia y de otras mujeres. Se trata, en esta obra, de encon­trar una imagen más exacta que la imagen real, en una imagen soñada.

La realidad de esta figura radica en su desaparición, en su muerte; en el reino de la muerte la buscará el poeta para reunirse con ella, ya que la locura es para él un sueño mortal, «lo que, para los antiguos, representaba la idea de un descenso a los infiernos». Este viaje a los infiernos no se realiza sin una grave y misteriosa angustia; no sin terror entra en contacto con aquellas «figuras pálidas, gra­vemente inmóviles, que moran en la resi­dencia de los limbos». A medida que va descendiendo por este mundo de tinieblas, se nubla en las páginas la facultad de ex­presión, de cristalina e incomparable pure­za que se admira en Silvia. Aurelia nos queda como un documento singular del es­fuerzo por expresar lo inexpresable, como el intento de una obra maestra cuyas pági­nas han sido oscurecidas por las tinieblas de la locura. Nerval, cultísimo, no descono­cía los modelos de esta forma artística que intentaba: «Swedenborg, llamaba a estas vi­siones «memorabilia». El Asno de Oro, de Apuleyo, la Divina Comedia de Dante, son los modelos poéticos de este estudio del al­ma humana»; a éstos se puede añadir, por la insistencia en un simbolismo mágico, el Sueño de Polifilo (v.). Pero en las páginas de Nerval hay siempre una claridad de vi­sión, un esfuerzo de lucidez que se difunde en acentos de dulzura desesperada; un tono tan rigurosamente autobiográfico, que le asegura la más completa originalidad. [Trad. española de A. Esclasans (Barcelona, 1943)]. M. Bonfantini

¿Cómo describir la ligereza única de este estilo? Trama aérea, podríamos decir, seme­jante a la que las Parcas tejen para el paso por la tierra de un espíritu tan puro. (Du Bos)

Su poesía queda velada como su destino, portadora de la misma luz, invitadora al mismo amor. (A. Béguin)