Arabella, Emilio de Marchi

Novela de Emilio de Marchi (1851-1901), publicada en 1892. La no­vela, en cierto sentido, continúa a Demetrio Pianelli (v.); uno de los protagonistas, Arabella, que da el título a la novela, no es más que la hija del suicida Cesarino Pia­nelli y de Beatrice y sobrina de Demetrio Pianelli (v.) de la novela de ese título.

Digna discípula de Demetrio, que en su tiempo lo sacrificó todo a la familia de su cuñada, Arabella, que había decidido dedicarse por entero a Dios en expiación de la culpa de su padre, se sacrifica también, para salvar la casa del padrastro que está en peligro, aceptando como esposo al joven Lorenzo, hijo holgazán de Tognino Maccagno, figura de avaro rapaz y sin escrúpu­los, y el verdadero protagonista de la na­rración, que gira en torno a la sustracción del segundo testamento de la viuda Caro­lina Ratta, prima hermana de Maccagno, sustracción ejecutada de noche y en el lecho fúnebre de la mujer; golpe maestro con el que Maccagno es heredero de un gran capital. Harto de dinero, Maccagno ambiciona oscuramente rehacer su vida y su figura de Harpagon para aparentar dulcificarse en ciertos rasgos con el afecto que muestra por su nuera. Pero toda la pa­rentela se lanza a defender sus intereses pisoteados y, con una revelación arrancada al portero Berretta, cómplice forzado de Maccagno, inicia una amplia maniobra con­tra este último que, desconsolado y furio­so, enferma y muere. Pero también el co­razón de la joven queda destrozado con la inesperada revelación del oscuro abismo en el que se lanzó tan confiadamente. También ella enferma y muere, inútil víctima de un amargo deber.

Arabella parece, en parte, nacida bajo la influencia de la escuela na­turalista francesa, especialmente por el cor­te documental, pero algo amanerado, de algunas páginas de ambiente milanés, por lo que esta novela puede ofrecer aún algún interés. Pero en conjunto es obra débil en la construcción e insegura en sus motiva­ciones fundamentales, lenta y discontinua en su desarrollo, carente de perspectiva in­terna. El protagonista es Maccagno y no Arabella; el autor, por otra parte, intenta sumir a los personajes individuales en el conjunto general de los sucesos; el conjun­to queda algo opaco, voluntaria y sutilmen­te forzado. En fin, el contraste entre el idealismo algo abstracto de la figura de Arabella y el tétrico y desteñido realismo de las demás figuras, está situado y man­tenido nítidamente como nota temática, pero artísticamente no está realizado en la unidad narrativa del suceso.

D. Mattalía