Algo de mí, para mis Amigos Conocidos y Desconocidos, Rudyard Kipling

[Something of myself, for my Friends Known and Unknown]. Autobiografía de Rudyard Kipling (1865-1936), publicada en 1937. Es la narración sencilla, y sin embargo llena de fantasía, de la serie de azares y de acontecimientos que contribuyeron a hacer de Kipling uno de los escritores más apa­sionantes de los últimos cincuenta años. Su nacimiento en la India, los primeros años vividos en un ambiente donde sentía toda la poesía y el perfume del mundo oriental, a la vez que toda la inteligencia del occi­dente, su estancia en el colegio de West- ward Ho, en el Devonshire, la adoración por sus padres, en los cuales, como escritor, Kipling tuvo durante toda su vida sus jue­ces más severos y comprensivos, la actividad cómo redactor de un diario de Lahore, la «Civil and Military Gazette», los numerosos viajes a la India, la China y el Japón, los largos períodos transcurridos en Canadá y Sur áfrica, la alegría de vivir con sencillez en la «Casa de la Felicidad» en Nueva In­glaterra, el contacto con hombres políticos como Jameson y Cecil Rhodes, la partici­pación en la guerra contra los boers: son todos elementos que, contados por él mis­mo, ayudan a comprender mejor la forma­ción del creador de Kim (v.) y del más decidido asertor del imperialismo inglés.

Kipling insinúa aquí el origen de muchos de sus libros: no tenía diez años aún cuan­do leyó en un libro para muchachos, la his­toria de un cazador que en Suráfrica en­contró una tribu de leones que constituía «una especie de masonería», estableciendo alianza con ellos contra ciertos malvados beduinos. Esta narración que permaneció como dormida en el fondo de su espíritu, debía, muchos años después, dar origen al Libro de la Jungla (v.); la primera idea para la Historia de los Gadsbys (v.) le fue dada por Autour du mariage de Gyp; La luz que se extingue (v.) surgió de una lec­tura de Manon Lescaut (v.), hecha en Pa­rís durante la exposición de 1878; Kim, de sus innumerables conversaciones con su in­teligente y sabio padre y Puck de la coli­na (v.) del gran deseo de contar a sus hijos la historia de Inglaterra, compensan­do, a la vez que confirmando, ciertos as­pectos de su producción «imperialista» de los años anteriores. Un rasgo que asombra en la autobiografía de Kipling, es el con­traste entre su modestia cuando tiene que hablar de sus geniales dotes inventivas y su orgullo cuando se alaba de su precisión en el trabajo, fruto esto también de su larga práctica periodística. El estilo de la autobiografía está lleno de fantasía pero no es nada libresco. Y el carácter del au­tor, con su concepción heroica de la vida, con su poderosa reivindicación de que la poesía puede insertarse en todos los mo­mentos de la existencia, en todos los ob­jetos, hasta en los más rígidamente cien­tíficos, con su antintelectualismo y su amor casi místico por la aventura, que le ha lle­vado en pleno siglo XX a la creación de una nueva mitología, se eleva fresco y vi­brante de estas páginas escritas con ardor juvenil por un hombre de casi setenta años, que polarizan la atención de las jóvenes promociones europeas.

L. Fuá