Algabal, Stefan George

Poema corto de Stefan George (1868-1935), aparecido en 1892 sin ponerse a la venta, dedicado a Luis de Baviera. Forma parte de la colección Himnos, Pe­regrinaciones y Algabal (v.). Canta la ión del emperador Heliogábalo, elegido sacerdote del Sol por el pueblo, y hombre decadente y cruel, en quien sin embargo no hacen mella el morbo de la lujuria ni del vicio. Algabal es el mismo George, la excepción consagrada para vivir por encima del mundo, incluso utilizando cuanto el mundo ofrece de magnífico y tur­bio. Todas las refinadas crueldades del personaje poético y su afeminamiento, que le hacen vivir en una oscura y pesada atmós­fera de sensual asexualidad, no han de ser interpretadas humanamente, sino contem­pladas con la serena mentalidad de los antiguos que veían a sus dioses eternamente jóvenes en un Olimpo hecho de luz, más allá del drama humano del bien y del mal. Esta especie de paganismo de George no oculta, como muchos creyeron, una polémi­ca contra el cristianismo y la moral; su elemento positivo no es nunca religioso ni ético sino transfigurativo. George no es un amoral, ni un «poeta maldito»; con su Algabal sólo pretende dar el cuadro poético de todo el turbio fermento del mal, del cual nace una llama viva, que es siempre luz y, como luz, sobrehumana y no demo­níaca. Naturalmente la plebe («Póbel») no podía comprender que todo aquello era, como explica Gundolf, «santificación de su propia exhuberancia» y se elevaron gran­des gritos de indignación. Si queremos en­contrar un motivo filosófico a esta visión, que por otra parte no es más que visión, basta ascender hasta Nietzsche que de he­cho ejerció sobre George una gran in­fluencia.

G. Federici Ajroldi