Vladimir Aleksandrovich Sologub

Nació en San Petersburgo en 1814 y murió en Bad Homburg el 17 de junio de 1882. Perteneciente a una familia de origen polaco, llegada a Rusia tras el primer reparto de Polonia y adaptada lentamente el nuevo medio, for­móse, como la mayoría de los nobles de la época, en un ambiente de opulencia, y ello a pesar de la pérdida de considerables bie­nes familiares debida a la invasión napo­leónica. Realizados los estudios universita­rios y admitido en el servicio civil, fue enviado al Cáucaso, a la cancillería del conde Voroncov. Amante de la vida mun­dana, experimentó asimismo, no obstante, un ardiente amor a la lectura y notables disposiciones literarias. Aun cuando nunca llegara a ser un escritor profesional, com­puso obras muy interesantes como documen­to de la época a la cual perteneció, período de transición entre el romanticismo y el realismo.

Posteriormente, de haberle dejado más tiempo los diversos cargos burocráticos desempeñados en distintos lugares, nuestro autor hubiera escrito más; pero no, quizá, alcanzado mayor fama. La primera de las obras que publicó, una narración aparecida en El Contemporáneo (la revista fundada por Pushkin), pasó inadvertida. Atrajo, en cambio, la atención de la crítica otra nueva, Historia de dos chanclos, publicada en 1839 por Los anales patrios; se trata de una típica narración romántica, todavía hoy intere­sante (como la novela que la siguió, Gran mundo) para el conocimiento de todo un sector de la sociedad rusa de los tiempos de Pushkin y Lermontov. Más realista se manifestó Sologub al pasar de la descripción de los medios nobles de la capital a la de los mismos ambientes de la provincia en las narraciones El oso y Los tres prometidos.

Francamente ideológica resultó la primera novela del autor, El tarantás (v.), satírico relato de un viaje entre Moscú y Kazan, durante el cual Sologub ataca a los eslavófilos y a los «idealistas del cuarenta». Por el tono realista de su obra, Sologub ha sido consi­derado por algunos críticos predecesor de Turguenev, de quien, sin embargo, se halla artísticamente muy lejos, como lo está, en su defensa de la Rusia patriarcal, del autor de la Crónica de familia (v.), S. T. Aksakov. Sologub vivió el tiempo suficiente para seguir el desarrollo de toda la gran narrativa rusa hasta la muerte de Turguenev y Dostoievski.

E. Lo Gatto