Snorri Sturluson

Nació en Hvammr (Islandia occidental) en 1178 y murió en Reykjaholt el 22 de septiembre de 1241. Fue hijo de un personaje notable y pendenciero, Sturla Thórdarson, denominado también Sturla de Hvammr, y de Gudhny Bodvarsdóttir (entre cuyos ascendientes figuraba el céle­bre Egill Skallagrímsson; v. Saga de Egill). A los tres años pasó a vivir a Oddi (en la parte meridional de la isla), en el hogar de Jón Loptsson, hombre poderoso (descen­diente del docto Saemundr); permaneció allí hasta la muerte de éste, ocurrida eh 1197. En Oddi adquirió muchísimos cono­cimientos, procedentes de cuanto escuchaba y podía leer, y debió de aprender incluso el latín. Todavía muy joven, contrajo ma­trimonio con una rica muchacha, Herdis de Borg; fallecido el suegro, Bersi, trasla­dóse a Borg, y hacia 1206 a la vecina po­blación de Reykjaholt, donde se hizo cons­truir una lujosa residencia. El agudo inge­nio y la ambición, favorecidos por la for­tuna de la esposa, le llevaron pronto al primer plano de la agitada vida pública islandesa. Entre 1214 y 1218 fue presidente de la Asamblea legislativa, tribunal supre­mo de la isla.

Este último año marchó a Noruega, donde obtuvo el favor del rey Hákon Hákonarson y de su tutor, el futuro y poderoso conde Skúli, en cuyo honor escribió, una vez vuelto a la patria, un fa­moso poema de exaltación, Háttatál. Snorri per­maneció en el territorio noruego hasta 1220, y recorrió todo el país, en parte para obte­ner documentos, que precisaba para una his­toria de los monarcas de Noruega, ya pro­yectada entonces (la Heimskringla o Saga de los reyes de Noruega, v.). Las relacio­nes noruego-islandesas se hallaban en aquel momento en un estado de notable tensión, y Snorri trató de evitar lo peor prometiendo poner la isla bajo el dominio del soberano. Conocido esto, el plan le valió una gran antipatía en el ánimo de sus coterráneos, la cual, empero, no impidió su reelección de presidente de la Asamblea en 1222; por lo demás, nada había llevado a cabo en serio para convertir en realidad la promesa he­cha al monarca noruego.

Durante los años siguientes, Snorri (que en 1223 enviudó) man­tuvo violentas divergencias con su hermano Sigvatr, y singularmente con su sobrino (hijo de aquél) Sturla, quien marchó a Noruega (1233-35), ganado para la causa del rey Hákon. Poco más tarde (1237) vol­vió Snorri al territorio noruego, donde se ma­nifestó partidario del conde Skúli, adver­sario entonces del monarca Hákon; ello le atrajo la enemistad de éste, prohibiéndole salir del país. Desobedecida, empero, la or­den real, en 1239 regresó a la patria; allí, mientras tanto, su hermano y su sobrino Sturla se habían enfrentado con el pode­roso Gizurr Thorvaldsson, y perecieron en un encuentro que tuvo lugar en Ørlygsstadhir. Entonces, el no olvidadizo rey Hákon hizo saber a Gizurr (verano de 1240) que Snorri debía regresar a Noruega o ser muerto.

Aquél decidióse en favor de esta segun­da opción; y, así, diole muerte cruel en la bodega de su casa de Reykjaholt. De esta suerte desaparecía el mayor literato islan­dés de todos los tiempos, víctima de una época de inquietas y turbulentas luchas en las cuales se empeñó por vanidad y ambi­ción, y sin una fuerza suficientemente ruda que le permitiera salir airoso de ellas; hom­bre de letras, se vio superado por hombres de hierro. Sobre su mediocridad como hom­bre de acción destaca, empero, su carácter de literato, príncipe de la Edad Media del norte de Europa, autor no sólo del men­cionado Háttatál y, según parece, de la ex­celente Saga de Egill (v.), sino también del Edda (v.) y la Heimskringla, ilustres monu­mentos de la literatura nórdica medieval que cierran magníficamente una tradición e incluso una cultura literaria.

V. Santoli