Pierre-Joseph Proudhon

Nació en Be­sançon el 15 de enero de 1809 y murió en París el 19 de enero de 1865. Pasó una juventud dura y difícil, atormentada por la miseria; empleado como regente de imprenta en casa de los hermanos Gauthier, a la generosidad de éstos debió la posibilidad de continuar sus estudios. Entre sus autores favoritos figuraron, como dice él mismo, la Biblia, Smith, Hegel y Fourier. Como miembro de la Academia de Besançon, contestó, en 1839, a una cuestión de ésta con una memoria que provocó inmediatamente una gran oposición por parte del clero. En el año anterior había podido trasladarse a París, al ganar una pensión académica, y en este período su atención fue atraída por com­pleto por el problema de la propiedad, so­bre el que escribió (1840) un famoso en­sayo: ¿Qué es la propiedad? (v.), pregunta a la que el autor respondía afirmando que la propiedad tenía su origen en el robo. De este modo se establecía su reputación de autor paradójico y anarquista, confirmada por sus trabajos siguientes sobre el tema. En 1843 publica De la création de Vordre dans Vhumanité, ou principes d’organisa- tion politique, y en 1844 conocía en París a Karl Marx, con el cual fue profundo el acuerdo en principio.

Marx veía en Proudhon al que había realizado un «progreso científico que revolucionaba la economía nacional», pero poco después, con la publicación de las nuevas obras del autor francés (espe­cialmente con el Sistema de las contradic­ciones (v.) y Filosofía de la miseria, 1846, v.) se iniciará la separación, honda e insal­vable. En 1847 replicaba Marx a Proudhon con su libro Miseria de la filosofía (v.) en el que oponía el rigor de la doctrina materialista al socialismo «pequeño burgués» de su ad­versario. En este período, participó Proudhon de un modo activo en la vida política de su país, mientras su pensamiento se orientaba hacia la solución de los problemas prácticos de la convivencia social. En 1848 fue ele­gido para la Asamblea Nacional y desde las columnas del Représentant du peuple man­tuvo enérgicamente sus ideas, esforzándose por dar vida a un «Banco del Pueblo», destinado a practicar aquella concesión gra­tuita de créditos que constituía un aspecto esencial de su reformismo social. Mientras el banco se revelaba como un fracaso, sus ataques al orden político burgués le produ­jeron una condena a tres años de prisión.

La oposición que había manifestado ini­cialmente contra Luis Napoleón se atenuó a continuación, y en el volumen La révo- lution sociale démontrée par le cop d’Etat du 2 décembre (1852) expresó su esperanza de que la revolución social podía ser favo­recida por el emperador. De nuevo topó con los poderes constituidos en 1858, y para eludir la detención emigró a Bélgica, regresando a su patria sólo unos años antes de su muerte. El ideal pacifista le llevó a las filas de los oponentes de la guerra de Crimea y de la campaña de Italia de 1859: a sus ojos, esta última amenazaba con des­truir el equilibrio europeo establecido en 1815, contra el que no se podía atentar sin daño para los pueblos y para la cultura. Inspirándose en estas ideas, escribió La guerra et la paix: rechbrches sur le prin­cipe et la constitution du droit des gens (1861), Du principe féderatif (1863), etc. Siempre vio en el principio de nacionali­dad una amenaza para la paz y el porve­nir de Europa, por lo que entró en polé­mica con Mazzini: las nacionalidades harían pasar a segundo término la cuestión social, considerada por él como problema básico y primordial. Después de su muerte, fue grande su influencia entre la clase traba­jadora francesa, y la Commune se desarro­lló, en parte, de acuerdo con sus ideas.

F. Catalano