Octave Mirbeau

Nació en Treviéres (Cal­vados) el 16 de febrero de 1850, murió en Pa­rís el 15 de febrero de 1917. Fue educado en un colegio de jesuitas de Vannes y más tarde describió aquel período de su vida en la novela autobiográfica Sébastien Roch (1890). Tomó parte en la guerra del 70 y entró luego en la Administración del Es­tado. Era subprefecto cuando abandonó el cargo, atraído por el periodismo. Habiendo entrado en la redacción del Fígaro, hubo de abandonarla a consecuencia de un ar­tículo suyo contra los artistas dramáticos (Le Comedien, 1882), y fundó entonces, junto con Paul Hervieu y Alfred Capus, el semanario Les Grimaces, en el que pudo desahogar su mal humor contra la sociedad y apoyar las más atrevidas innovaciones. Figuró entre los primeros que defendieron a los pintores impresionistas y, en poesía, a Maeterlinck, cuya Princesa Malena (v.) elo­gió calurosamente.

En 1885 publicó una colección de cuentos, Lettres de ma chau­mière, y en 1886 su primera novela, El Cal­vario (v.). Después L’Abbe Jules (1888), El jardín de los suplicios (1899, v.), Memo­rias de una doncella (1900, v.), Les vingt et un jours d’un néurasthenique (1901), Dingo (1912). Escribió también para el tea­tro: Les mauvais bergers (1897), L’épidémie (1898), Vieux ménages (1900), Scrupules (1902), Los negocios son los negocios (1903, v.), muy aplaudida y traducida a varios idiomas, y El hogar (1908, v.). Atraído por los tipos extraños y anormales, Mirbeau los lleva a escena con un naturalismo brutal, que no perdona ningún detalle, incluso los más crueles, con tal de captar el color del am­biente y la verdad de los personajes por deformados que estén. En 1891 se declaró anarquista, pero abandonó el partido, des­pués del asesinato de Carnot. Decidido par­tidario de Dreyfus, escribió violentos ar­tículos en pro de la revisión del proceso. Fue una de las más características y rele­vantes figuras del mundo periodístico y literario de París en el tránsito del siglo XIX al XX.

M. Pasquali