Kikamatsu Monzaemon

(En el si­glo Sugimori Nobumori). Nació en Kyoto en 1653 y murió en Ōsaka en 1725. Es el más ilustre de los dramaturgos japoneses. Poco se sabe acerca de su vida en el período anterior al de sus grandes éxitos como escritor teatral. Hay, por lo menos, diez tradiciones distintas en cuanto al lugar de su nacimiento y tres referentes al de su muerte. En general, se cree que fue hijo de una familia de «samurai» y sirvió, du­rante algunos años de su juventud, en casas nobles de la capital, Kyoto. Sus obras nos le muestran como amplio y profundo conoce­dor de la literatura de su país y muy fami­liarizado con los clásicos chinos, a quienes cita con abundancia y frecuencia; lo mismo puede afirmarse respecto a los libros sagra­dos del budismo. Se sabe, además, que en sus años mozos fue un hábil compositor de «haikai» (poesías breves de diecisiete sílabas); según parece, debió de estudiar en el convento budista de Gonjōji, en la actual prefectura de Shiga. Con K., los dramas para el teatro popular, «kabuki», y el de marionetas, «jōruri», aparecen divididos en dos tipos: históricos, «jidai-mono», y socia­les, «sewa-mono».

Estos últimos, inspirados comúnmente en sucesos contemporáneos, ;se fundan en el conflicto entre las exigencias del sentimiento y de la naturaleza humana, «ninjo», y los deberes de la moral confuciana entonces vigente, «giri»; el litigio suele resolverse con el suicidio de los dos amantes («shinjū», doble suicidio de amor). En la carrera artística de K. cabe reconocer cuatro períodos. El primero (1675-85) empieza con El espíritu perverso de la dama Wistaria [Fujitsubo no onryō], obra escrita para el gran actor Sakata Tōjūrö (1645- 1709), que actuaba en Kyotō y la representó, según algunos, en el año 1677, y, en opinión de otros, en 1686; sea como fuere, en esta última fecha K. había alcanzado ya, induda­blemente, la notoriedad. Con todo, sus pri­meros textos fueron, esencialmente, adapta­ciones de «nó» (dramas clásicos). El segundo período (1686-1703) se inicia con la presen­tación de Kagekyo el triunfador [Shusse Kagekyo, cinco actos, 1686] en el escenario del Takemoto-za, teatro fundado en 1685 en Osaka por Takemoto Gidayū (1650-1714). Durante esta fase escribió en general «ka­buki», varios de ellos concretamente para Tōjūrö; en algunas de estas obras se dan ya, a veces, escenas situadas en los burdeles, lo cual supone un avance de la evolución futura.

La tercera etapa se abre con el primer drama social, El doble suicidio de amor en Sonezaki [Sonezaki Shinjū, tres ac­tos, 1703], que llevaba al teatro un hecho real y reciente. Hasta este momento había compuesto «kabuki» para Tōjūrö, y «jōruri» destinados a cantores como Inoue Harima- no-jō (1632-85), Uji Kaga-no-jō (1635-1711), etcétera; como es natural, no había olvidado tampoco a Takemoto Gidayū. Sin embargo, en 1705, pasado de Kyoto a Osaka, escribió solamente para el Takemoto-za. En este centro de la cultura burguesa la atención del autor fue atraída por los «sewa-mono», que trataban los problemas de los «chōnin» (burgueses). El cuarto período (1714-25) empieza a la muerte de Gidayū, quien había designado como sucesor a su joven discípulo Takemoto Masadayü (1691-1744), con lo que provocó el resentimiento de los actores más viejos, los cuales, juzgando al sucesor in­digno de su maestro, comenzaron a desertar del teatro, imitados pronto por los especta­dores. K., empero, apreciaba las facultades de Masadayū, y se propuso rehabilitarle; a tal fin compuso Las batallas de Kokusenya [v. Kokusenya Kassen, cinco actos, 1715], que hizo palidecer todos los éxitos anterio­res y mantuvo el teatro lleno durante dieci­siete meses seguidos.

El drama no sólo con­solidó la posición de Masadayū sino que aumentó la fama de K. Durante diez años más siguió escribiendo para aquél obras que hicieron conocer al Takemoto-za tiempos de una gloria superior todavía a la alcan­zada mientras vivía Gidayū. El gran dra­maturgo murió el día 22 de la lunación XI del noveno año de la era Kyōhō (7 de enero de 1725). Ha sido llamado el Shakes­peare japonés; en realidad no puede ne­gársele una refinada habilidad en la des­cripción de los caracteres de sus personajes, envueltos en el torbellino de las pasiones y admirablemente trazados y palpitantes. K. es un verdadero mago de la pluma, y domina a la perfección un variado y abun­dante repertorio lingüístico en el que figu­ran desde la lengua china hasta el idioma clásico nacional, y de los motivos de la poesía culta al dicho popular e incluso el dialecto de Osaka, elementos que sabe dosi­ficar adecuadamente para la obtención de los efectos deseados. Su estilo, original y siempre florido y expresivo, anima la escena y da calor y profundidad a los sentimientos de los personajes. Muchas partes de sus dramas están escritas con un ritmo particu­lar de sorprendentes resultados, creado con­cretamente para su adaptación a los movi­mientos de las marionetas o a las notas del «samisen», la típica guitarra de tres cuerdas.

Y. Kawamura