Julius Langbehn

Nació en Hadersleben (Schleswig septentrional) el 26 de marzo de 1851 y murió en Rosenheim el 30 de abril de 1907. Realizó sus primeros estudios en Kiel, a donde su padre, profesor partidario de la anexión de Schleswig-Holstein a Prusia, se había trasladado. Al estallar la guerra de 1870 abandonó la Universidad y se alis­tó como voluntario en el ejército prusiano. Licenciado, luego de un viaje a Italia en 1873, reanudó los estudios, y en 1880 se graduó en Munich con una tesis acerca de las figuras aladas del arte griego arcaico. Este trabajo le valió una beca del Instituto Germánico de Arqueología gracias a la cual pudo pasar una larga temporada en Roma en 1881. Vuelto a la patria, dedicóse a la Filosofía, y a partir de entonces vivió de su actividad literaria en diversas ciudades alemanas: Hamburgo, Francfort, Lübeck y Dresde.

Se relacionó con Bismarck, Mommsen y Janssen. Publicó en 1890 su primer libro, Rembrandt como educador (v.), que expresaba el malestar que el progreso in­dustrial de Alemania y otras manifestacio­nes de la vida moderna habían provocado en gran parte del ambiente cultural del país. La obra, en la que aparecían fundidos ecos de Nietzsche, Lagarde y Carlyle, presen­taba Rembrandt a los alemanes como un típico héroe nórdico, y hacía de su estilo pictórico, el claroscuro, el símbolo de un retorno a las fuerzas irracionales. El libro exaltaba la misión germánica en el mundo y el militarismo prusiano, concretando las difusas tendencias racistas e imperialistas. Su éxito fue enorme, pero no duradero: cuando en 1901 Langbehn, separado ya desde 1875 de la Iglesia luterana, pasó al catolicismo, su obra se hallaba ya casi olvidada.

La fama del autor fue rehabilitada con el nacismo, que vio con razón en el «Rembrandtdeutscher» — denominación dada a Langbehn — a un precursor de sus doctrinas. Entre otros tex­tos, publicó en 1891 un pequeño volumen de poesías, Cuarenta cantos de un ale­mán [Vierzig Lieder von einem Deutschen]. Otras obras suyas fueron reunidas, com­pletadas y publicadas póstumas por su dis­cípulo Benedikt Momme Nissen.

M. Spagnol