Iiṣḥaq Luria

Nació en una culta familia ashkenazita (grupo hebreo de la Europa centro-oriental) de Jerusalén en 1534, y murió en 1572. Fue la figura principal y central del cenáculo de cabalistas de Sáfed, en Galilea. Tras la muerte de su padre fue educado por un tío suyo de El Cairo, donde tuvo la fortuna de leer el Zōhar (v.), texto fun­damental de la cábala. Después de ello pasó trece años retirado en una cabaña junto al Nilo, y allí preparóse para lo que juz­gaba su misión. En 1570 se estableció en Sáfed, donde, luego de la expulsión de los judíos de España (1492), se habían reunido ya algunos célebres cabalistas de la escuela española. En tal localidad formó un círculo de jóvenes y viejos adeptos de la cábala, para quienes, a pesar de su edad no muy avanzada, fue el «maestro».

El grupo, em­pero, tuvo una breve duración, debido a la muerte de Luria en 1572 a causa de la peste. Largo tiempo se creyó que sus enseñanzas habían sido exclusivamente orales; en la actualidad, no obstante, se reconocen como suyos un comentario al Libro del arcano [Sifrâ di-Zeniutâ], una de las partes más difíciles del Zōhar, otras glosas referentes a diversos pasajes de la misma obra, y tres himnos místicos. La obra docente de Luria fue transmitida en forma sistemática a la poste­ridad por su discípulo Kaim ben Josef Vítale Calabrese (1543-1620), singularmente en el texto Árbol de vida [‘Éş Ḥajjîm]. La mística de nuestro autor tiende al perfeccionamien­to del alma individual y al mejoramiento de los puros, aspiraciones que se unen en la idea del «tikan» (progreso) y se realizan mediante el ascetismo, los ayunos, las ablu­ciones y los ejercicios devotos.

R. Elia